Por Roberto Marra
Ahí está, frente a nosotros. Cada día lo vemos más grande, más hondo, más temible. Se profundiza casi a nuestra vista, se extiende ahora con tal velocidad, que resulta imposible prever sus dimensiones de mañana. Nos obnubila su presencia, a la par que nos aterroriza el futuro que nos ata a semejantes dimensiones desconocidas. Se suman todas las sensaciones emanadas de sus profundidades, con efluvios de desatinos y muerte. Intentamos medirlo con nuestros sentidos, pero sólo alcanzamos a divisar su imposibilidad.








