Por Roberto Marra
Es inevitable. Cada vez que alguien se pronuncia respecto a un gobierno como el de Venezuela, o Cuba, o Nicaragua, o cualquiera con gobiernos demonizados por EE.UU., de inmediato saltarán los que de verdad “se la saben todo”, los que tienen “la posta”, asegurándonos que ellos tienen algún pariente, o amigo, o conocido, o ellos mismos como viajeros incansables en busca de la justicia noticiosa, quienes recién llegados del país en cuestión, nos explicará “la verdad”.
Ahí empezará una larga retahila de certezas inciertas, de seguridades poco verificables, de manejos espurios del poco o mucho conocimiento que puedan poseer estos energúmenos sabiondos. Señalarán lo que nunca seremos capaces de comprender (porque no tenemos las conexiones que él sí, claro), arremeterán contra la narrativa de los gobiernos que sienten el deber de defenestrar, inevitablemente tratados como mentirosos, persecutorios, “tiranos”, “dictadores” u otras linduras por el estilo. ¿Las pruebas?: obviamente, los titulares de los medios estadounidenses, europeos y los que, siendo de los mismos países atacados, repitan como loros lo que esas agencias de noticias emitan con inequívoca precisión destructiva de sentidos y voluntades liberadoras.
Adaptándose a esos manejos enfermizos de la realidad, los politiqueros locales se convertirán en voceros auspiciantes de esta verba destructiva, acoyarándose a esos brutos denostantes para terminar sirviendo al enemigo de nuestra propia Nación, con tal de absorber alguna gota del elixir imperial que les permita seguir en sus vidas apoltronadas, siempre listos para alimentar el odio sin sentido racional y el desprecio sin otra vocación que el interés individual o de clase.
Así se construye ese ideario miserable, abrumadora parafernalia de incoherencias bien trabajadas desde los dueños de las comunicaciones, fabricantes de esos oscuros personajes que nos aseguran que esos “tiranos” son asesinos que se comen a los niños, mientras que el genocida que los obliga a pensar como lo hace y masacra a sus compatriotas, es un “buen muchacho” que sólo busca la felicidad. Aunque nunca pueda explicar para quienes...





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