Por Roberto Marra
“Hay que desideologizar los discursos”... “Tenemos que impulsar los consensos con todos los sectores”... “Debemos expresarnos con prudencia, extender la mano a nuestros adversarios, hablar de lo bueno que hicimos...” Con esos mensajes, frios y desapasionados, imbuídos de miedo al Poder Real, se asumió el reto electoral que está poniendo en juego el destino de la Nación. Con esa opacidad discursiva, lejana a los sentimientos populares, desarraigada de la historia del mayor Movimiento popular de la historia, se pretendió asumirse como representantes de las necesidades y las esperanzas ciudadanas.

















































