domingo, 2 de abril de 2023

LA ESCALERA

Por Roberto Marra

Es cada vez más común escuchar mensajes de dirigentes políticos que intentan morigerar las demandas populares en base a la remanida fórmula de “hacer lo posible”. Las turbulencias económicas, ya más parecidas a huracanes caribeños, van profundizando el pozo de la pobreza y el estrago de la miseria, sin que desde la dirigencia surja otra idea que la de evitar la lucha frontal con los causantes de este estado de cosas. El temor ha prevalecido ante los embates corporativos nacionales y transnacionales, produciendo una herida profunda al ideario fundamental de las reivindicaciones históricas populares, sólo satisfechas en períodos muy cortos de nuestra vida nacional.

Ese modo medroso de actuar ante los enemigos declarados de una Patria que ya ni siquiera se menciona como tal, ha ido generando propuestas cada vez menos ambiciosas cuando llegan los períodos electorales. Como arriando “de a poquito” las otroras banderas intocables que marcaban con absoluta claridad las utopías que las sostenían, se van proponiendo programas cada vez menos ligados a las necesidades perentorias de los desfavorecidos del sistema económico imperante. En cada nueva disputa por la conducción de los estamentos políticos institucionales, se bajan unos peldaños más de la escalera que conduce peligrosamente al infierno tan adorado por los enemigos del Pueblo.

Concretado el descenso a un nuevo estadío empobrecedor de ambiciones transformadoras, puede haber un rellano donde se mantienen, por un tiempo, esos paradigmas degradados, acompañados por algunas mejoras superficiales en la calidad de vida. Eso, hasta que la guerra continua del Poder Real contra los gobiernos que no les son del todo afines, vuelve a generar una nueva caída en discursos demasiados cercanos a las arengas “antipopulistas” de los oscuros representantes de aquel Poder, convirtiendo las necesidades reales de la población, en moneda de cambio con el establishment, en ridícula pretensión de frenar al monstruo neoliberal, que arremete cebado por la cobardía manifiesta de sus oponentes, pretendidamente representantes de los intereses populares.

Así de continuo, esa escalera con descansos cada vez más cortos, continúa bajando al peor de los mundos sociales, sigue su descenso a la brutalidad y la malversación de las ideas, degenerando en un pendiente por donde se deslizan los sueños originarios de una sociedad justa y solidaria. Gozan los enemigos de la Patria desvencijada por ellos mismos, se relamen ante cada “agachada” de los políticos populares, se preparan para asumir sus roles gobernantes, listos para convertir aquella escalera en un profundo abismo del que será muy difícil emerger.

No será con medias tintas como se podrán encontrar los escalones que permitan subir, otra vez, hacia las castigadas utopías de siempre, renovando las palabras pero nunca las metas fundamentales. No podrán los miedos ser los consejeros válidos para retomar el camino perdido, para asumir los riesgos naturales de los cambios drásticos y pisar firmes en cada escalón hacia la felicidad popular. No habrán de ser los temores al “que diran” los medios corruptos y corruptores, ni a los jueces y fiscales vendidos a las corporaciones dominantes, ni a los supuestos “intelectuales” del “no se puede”, quienes determinen las sendas a recorrer, las consignas a enaltecer y las banderas a elevar.

No existe mejor remedio para este cáncer de la auténtica democracia, que la conciencia popular elevada por dirigentes convencidos de la fuerza imbatible de los pueblos lanzados a la lucha frontal y despiadada contra sus enemigos declarados y malévolos. No podrá ser detenida esa embestida popular, si se asume que los retrocesos no están permitidos, que los descansos en esa escalera ahora dirigida hacia arriba, sólo serán para realimentar los sueños olvidados por tanto tiempo, convencer a los extraviados y empujar la puerta de una historia que nunca debimos dejarnos arrebatar.

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