sábado, 3 de octubre de 2026

EL TURNO DE LA PATRIA

Por Roberto Marra

El placer de ser extranjero en Argentina no tiene límites. A la proverbial condescendencia de sus habitantes ante los visitantes de otras naciones, se agregan ahora nuevas medidas que les permitirán (a ellos) acceder a los derechos que (supuestamente) los aquí nacidos tenemos, sin otro requisito que abonar una “modesta” suma de “patacones” yanquis. Total normalidad...

Doscientos años tirados a la basura de la historia. Miles de muertos en batallas y luchas que intentaban conformar primero y sostener después a una Patria ahora desarmada y desvanecida. Largos coqueteos con los imperios de turno, culminan ahora en esta brutalidad miserable y obscena, mientras el grueso de la población no logra conectar sus inmensas miserias materiales con semejante obstinación por la extinción de la nacionalidad.

No hicieron falta bombardeos extranjeros. De eso se encargaron, en su momento, algunos (mal)nacidos acá mismo. No se necesitaron más que millones de mensajes sesgados para embrutecer las consciencias populares, aplastar las rebeldías, postergar eternamente el reconocimiento de la realidad que estalla ante los ojos (y los bolsillos).

Un río vigilado por la extranjería imperial, las tierras ofrecidas a los apostadores financieros, el agua regalada a los genocidas, las rutas agujereadas concesionadas a sus ladrones, los puertos asegurados a los traficantes de nutrientes y cocaína. Sólo son muestras de la bestialidad aceptada como imposible de combatir del todo por parte de quienes ofician de “opositores”. La cobardía mandando ante los ladrones de guantes sucios y malolientes, los abusadores de niños y viejos, los asesinos de los desnutridos, los perseguidores de la escasa rebeldía de los miércoles de jubilados que todavía conservan sus corajes.

Todo podrido, también las ideas. Todo negado, hasta los mínimos derechos. Todo tergiversado, también la ley. Todo sistematizado para hacernos desaparecer como Nación, también la Corte de los milagros pauperizadores de la Constitución vigente, malnacida, pero que ni siquiera ella respetada.

La comprensión lejos de ser posible para las mayorías, apabulladas por la mediática obscena que sólo relata los devaneos de idiotas artistuelos al servicio de la brutalidad y la desidia. Las armas siempre prestas a lanzar sus fuegos contra los que se animen a decir lo que todos callan. Los oscuros personajes escondidos tras esas monstruosas máscaras de la muerte, sonriendo de felicidad drogada al apretar sus gatillos contra la justicia social.

No se puede aceptar la muerte de la Patria como si fuera una simple transacción comercial. No se debe soportar la intromisión de los mayores ladrones planetarios como si sólo fuera una aventura televisada. El tiempo de las palabras suaves hace rato que terminó, aunque quienes se pretenden líderes no se hayan dado cuenta. La hora de la redención del Pueblo está tocando las campanas de la conmoción social, clamando por soltar los alas soberanas, nutriéndose de los gritos de los San Martín y los Belgranos señalándonos el rumbo que perdimos, aportando sus bravuras nunca rendidas, elevando sus banderas de una Independencia abandonada, sólo por caer en el peor de los ultrajes: el del olvido de ser quienes nunca debimos dejar de ser.

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