Por Roberto Marra
Cuando los ánimos flaquean, nos aferramos a su empuje solidario. Cuando las fuerzas parecen acabarse, sentimos sus brazos gigantes sosteniéndonos. Cuando el valor cede, sus palabras nos devuelven la virtud del empeño inclaudicable. Cuando una batalla se pierde, su mirada al infinito nos contiene y nos empuja a la que sigue. Cuando las palabras no alcanzan, su dedo nos señala otra esperanza. Cuando los símbolos esenciales parecen perderse, sus discursos nos retornan al efluvio prodigioso de los fundamentos de las ideas. Cuando la verdad se retuerce entre algoritmos embrutecedores, sus relatos nos garantizan la salida del túnel de la ignorancia. Cuando los poderosos nos anuncian el final de la historia a fuerza de la destrucción planetaria, sus razones los enmudecen, los hace retroceder, los empuja a su propio infierno. Cuando sus enemigos lo pretenden olvidado, los pueblos del Mundo lo reviven con sus luchas cotidianas. Cuando se multiplican los martirios de los genocidas, su recuerdo anima a los sobrevivientes. Cuando los errores carcomen los procesos populares, ahí aparecen de nuevo sus enseñanzas, abonando las salidas, resonando en los oídos populares, haciendo añicos a los traidores, devolviendo la historia al cauce de las razones y los sentimientos aunados. Cuando la cobardía gana los sentidos, nos sacude con sus consignas eternizadas, nos pregona el coraje con su ejemplo, nos anuncia la victoria como impostergable. Cuando las fechas nos recuerdan sus itinerarios, cuando el llanto por su ausencia se une a la sonrisa por su porfiada presencia permanente, cuando la humanidad de su Pueblo empoderado de sus palabras inviolables se hace realidad en sus actos solidarios, cuando la vida se detiene al recordarlo, el Planeta entero comienza a comprender por fin su eternidad.
Entonces nos parece escuchar otra vez esa centenaria voz que nadie podrá olvidar, del que fuera más que sólo un líder, del que cada día nos avisa del siguiente desafío, siempre listo para el combate revolucionario que, en su nombre, estamos obligados a sostener contra los asesinos de la humanidad, para que la historia nos absuelva. Con Fidel a nuestro lado.










