Por Roberto Marra
“Ser perverso implica una estrategia de utilizar al otro y destruirle sin que se produzca ningún sentimiento de culpa. El perverso manipula, coacciona y miente, motivado únicamente por su propio interés, y sin asumir ninguna responsabilidad de sus actos. La maldad que exhibe es consecuencia de que ha instaurado su deseo y placer como principio único de todas sus acciones, excluyendo cualquier planteamiento ético. La conducta perversa esconde el placer obtenido por la destrucción intencional y deliberada del otro. El perverso goza con la destrucción y degradación del otro. Goza con la eliminación consciente y deliberada de la humanidad de su víctima”. Luis Manuel Estalayo Martín. Psicólogo Clínico.










