Por Roberto Marra
¿De donde provienen las razones de los perversos? ¿Qué cosa transforma a un niño Donald en un adulto Trump? ¿Son razonables las razones de los genocidas? ¿Se puede medir lo verdadero de la verdad? ¿Es la mentira un medio de cooptación de voluntades, un elemento corruptor, una dato de la disputa ideológica, o todo ello conjugado? ¿Sirve sólo la coherencia entre discurso y acción como base de una sociedad moralmente sana? ¿Es la imbecilidad un estado irracional o una voluntad expresa? ¿Está mal sentir odio por los genocidas? ¿El amor vence al odio, o sólo lo pospone? ¿Es factible permanecer inconmovible ante el martirio de pueblos enteros? ¿Debemos poner siempre la otra mejilla ante los poderosos, o doblar la fuerza de la devolución de los golpes que nos propinan? ¿La historia es algo que ya pasó, o permanece hasta que se le hace justicia con la acción que nos demanda? ¿Cómo puede ser valorada la Justicia por los pueblos sometidos por la injusticia? ¿Cuándo pueden las derrotas, servir de esperanzas para el triunfo? ¿Es la velocidad del tiempo relativo, la culpable de no alcanzarse las utopías? ¿Cómo construir el porvenir, cuando todos están ocupados en adecuarse a la actualidad? ¿De qué inmaterialidad están hechos quienes matan niños en nombre del dios al que le profesan su fe? ¿Debemos ser todos iguales ante la Ley, o crear una Ley que nos iguale? ¿Dónde residen las dudas que intentan devorar nuestras certezas? ¿Qué será de la obstinación cuando nos arrasen las mentiras? ¿A donde se dirigen los impulsos cuando ya no empujan la voluntad? ¿A dónde van los pensamientos cuando dejamos de pensarlos? ¿Hay vida en esta muerte cotidiana que nos ofrecen como única?









