Por Roberto Marra
Los enemigos tienen un plan. Y tienen una agenda cotidiana, una metodología, una programación de sus actos perversos. Tienen un memorandum con los detalles de los horrores que nos esperan, un itinerario de sus maniobras leguleyas, una lista de sus oprobios judiciales, un calendario con los precisos momentos donde vuela cada derecho. Poseen, además, las herramientas para asegurarnos que sus poderíos son inexpugnables, que sus mandatos son irreversibles y sus horrores sólo el comienzo de todo lo que nos espera detrás del muro de la mentira permanente, emitida con las sonrisas propias de los lacayos colaboracionistas que balbucean las agendas del poder a través de las pantallas obnubilantes inventadas para subyugar a los impávidos creídos de sus condiciones de “ciudadanos libres”.










