viernes, 28 de diciembre de 2018

LOS ASESINOS DE LA VERDAD

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Por Roberto Marra
El olvido, esa “actividad inactiva” tan desarrollada entre los ciudadanos argentinos, es una de las herramientas más útiles con las que ha contado el actual (des)gobierno nacional. Su proliferación ha permitido la aplicación de las peores políticas económicas, las más retrógradas, las más excluyentes, las de peores resultados y perspectivas, sin que mediara más que alguna queja de colas de supermercados, para después seguir insistiendo con la “positividad” que tanto promueven desde el Poder, que no es otra cosa que la omisión de la realidad, la desaparición de la verdad, reemplazada por supuestos y versiones mediáticas convenientemente elaboradas para el consumo masivo de la famosa “mayoría silenciosa”.
Con eso solo, han podido llevar hacia el abismo a una Nación que gozaba de buena salud y mejores expectativas. Con esa desgraciada manera de ver la realidad sin verla, de formación de permanentes lagunas mentales, de indiferencia ante las diarias pruebas del horror que se aproxima y se palpa, se viene profundizando el abandono de la responsabilidad que toda sociedad debe asumir en una Nación. Solo algunos despertares somnolientes entre desastre y desastre programado, han aparecido ante eventualidades demasiado ominosas para no verlas, para después regresar al mundo de los deslumbramientos que oscurecen la razón y los recuerdos.
Si así sucede con los hechos cotidianos y recientes, peor aun es lo que pasa con los históricos acontecimientos del pasado más o menos cercano. Muy pocos y pocas parecen recordar algo de sus vidas felices de hasta no hace más de tres o cuatro años. Las personas de mayor edad se han olvidado de las varias veces cuando esto mismo que se vive hoy día se manifestaba con similar crudeza. Ni hablar de recordar los acontecimientos que dieron orígen a nuestra Patria, que de tan olvidados hacen que ni se recuerde la letra del Himno Nacional, reemplazado por estos tiempos con un sonido gutural propio de humanoides prehistóricos.
En medio de esta “carencia de recuerdos”, algunos aprovechan para llevar agua para su miserable molino electoralista, haciendo discursos y presentando “programas” de supuesto corte “opositor”, diciendo lo contrario de lo que hasta no hace más que algunos meses expresaban y votaban felices, acompañando el proceso destructor de soberanía y sociedad que prevalece hasta ahora.
Con las caras más duras que se puedan asumir, pretenden transformarse en “líderes” para la “alternancia democrática”, eufemismo que nos asegura que el gatopardismo reinará por muchos años. Visitantes asiduos de la embajada imperial, viajeros incansables hacia ese destino, expositores frecuentes ante empresarios de aquí y de allá para asegurarles la imprescindible (para ellos) continuidad expoliadora que nos gobierna, se presentan ante la población olvidadiza con la facilidad que esta condición masiva les otorga, facilitándoles la re-inserción en las atribuladas conciencias formadas con zócalos televisivos y titulares de persecuciones tribunalicias a los auténticos opositores a este régimen de oprobio.
Mintieron antes y mienten ahora. Falsearon en el pasado y falsifican por estos tiempos. Politiqueros de cartón pintado y sonrisas de carteles iluminados, preparan una nueva trampa para el electorado desmemoriado e ingrato, siempre proclive a los dulzores de los caramelos que les ponen frente a sus ojos enceguecidos por rencores contra los enemigos equivocados.
Trabajo doble para quienes pretendan cambiar esta opresora realidad. Necesarios esfuerzos multiplicados para los auténticos luchadores contra las políticas del ajuste permanente. Audacias renovadas para lograr la adhesión de los perdidos en el océano de patrañas mediáticas, los olvidos prefabricados, las desmemorias insufladas por los poderosos, los miedos desatados por la caterva de brutos autoasumidos como “auténticos” representantes del más popular de los movimientos nacionales.
Todo eso hace falta ahora mismo, más la imprescindible y genuina pasión por la memoria, fuente de toda razón constructora de presentes dignificados por la lucha por los inconmovibles ideales de justicia social. Y por futuros de felicidades robadas por los deshonestos fabricantes del olvido, los asesinos de todas las verdades.

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