jueves, 7 de septiembre de 2017

POLITIQUEROS

Por Roberto Marra

Hace mucho tiempo ya que el ambiente de la política ha sido contaminado con el virus letal de la politiquería. Esa nefasta forma de actuar de los inescrupulosos que desean conquistar poder sin observar las más mínimas normas éticas, ha ido perforando las virtudes propias de esa noble actividad que atraviesa todas las acciones humanas.
No son simples advenedizos eventuales quienes actúan así. En realidad, esta particular forma de acceder a la actividad política se ha transformado ahora en un estudiado método, mediante el cual los poderes fácticos predominantes impulsan a figuras que les puedan ser útiles para incrementar sus influencias y dominar con mayor seguridad las voluntades de los individuos.
Muchos de estos personajes politiqueros no son extraños al mundo de la política. Por el contrario, esta sucia tarea embaucadora de los ciudadanos, se les suele encomendar justamente a algunos destacados y reconocidos miembros de esta actividad que, con más egoismo que lealtad a sus presumidas convicciones, y del sector ideológico que sea, se alquilan al Poder por las sucias monedas de la traición para convencer a las mayorías.
Instalados en los ámbitos institucionales, se sabrán rodear de inútiles que no puedan ensombrecer sus histriónicas virtudes para el engaño, asumiendo actitudes de soberbia que, paradójicamente, no ahuyentarán a sus votantes, por esa extraña condición humana de admiración a quienes manifiestan poder, aún cuando sea en función de sus propias desgracias.
Acostumbrados a las dádivas, habrán de utilizar esos beneficios para comprar otras voluntades que aseguren sus continuidades miserables en las esferas más altas posibles de las corporaciones estatales. Esa cadena de verdaderas corrupciones invisibles, no serán nunca expuestas por los mendaces medios de comunicación, que forman parte del sistema que el Poder ha dispuesto para sus infinitas pretensiones hegemónicas.
La profundización de las medidas antipopulares que estos politiqueros ayudan a construir y su secuela de sufrimientos y postergaciones de las mayorías, no podrá ser frenada sino por la misma sociedad, empoderando a sus auténticos y leales representantes, políticos de verdad, capaces de derrotar con la fuerza de las tan menospreciadas convicciones, a estos miserables ladrones de la voluntad y la esperanza.

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