Por Roberto Marra
“Los chicos de la guerra”, “los héroes de Malvinas”, son recurrentes frases para nombrar a los actores principales de aquellas batallas derivadas de la brutalidad genocida de los gobernantes de aquellos tiempos, dictadura feroz y hambrienta de sangre del pueblo al que persiguió, desapareció y asesinó en nombre de “valores occidentales y cristianos”. Eran chicos, sin ninguna duda. Fueron héroes, con menos dudas todavía. Pero tuvieron que serlo por el empeño maléfico de un beodo y su séquito de incapaces, dispuestos a cualquier cosa antes que abandonar los cargos robados al soberano, en complicidad manifiesta con el imperio que, paradoja mediante, los dejó solos ante la capacidad militar de sus socios de la OTAN, nuestros enemigos desde hace 189 años.


























