viernes, 24 de julio de 2026

MALINCHE MULTIPLICADA

Por Roberto Marra

La maldición de Malinche se ha transformado en bandera de los brutos que ni siquiera saben a qué refiere tal denominación. La traición es un hecho bendecido desde los púlpitos de la politiquería, vendida como acción democrátrica fecunda. La falsedad se nos presenta con discursos maniatados a concepciones elitistas de las relaciones sociales entre desiguales. La oscuridad semántica viene anulando la comprensión de la realidad de las mayorías atontadas por las redes de la indigencia cognitiva.

El órden establecido atraviesa a los sometidos con consignas embrutecedoras y disvalores anulantes de lo humano. La muerte cotidiana del pobrerío es difundida con fervor por la infantería mediática que sirve al imperio y sus monigotes de turno. La famosa “inteligencia artificial” se nos presenta como futuro prodigioso, escondiendo la marginación y el descarte de humanos que pretenden con su aplicación. El capitalismo continúa orondo paseándose entre nosotros, haciendo y deshaciendo traumas individuales y sociales, destruyendo conocimientos ancestrales, anulando criterios humanistas, sometiendo las vidas y las posesiones de los pueblos al arbitrio de poderosos cada vez más reconcentrados y genocidas.

La mutilación de la historia se profundiza, relegando el conocimiento a frases cortas y tajantes, sin análisis ni contextos, sin determinaciones de desarrollos temporales, sin criterios renovadores de las realidades que pretenden modernizar volviendo al esclavismo. El horror de las guerras se multiplica, se presenta como imprescindible metodología para erradicar “el mal”, inasible denominación de lo que no existe, anunciado como sentencia de dioses inventados para cada ocasión.

Nada parece importar más que “ganarle” al contendiente de la misma ideología en sucias batallas verbales, propias de guapos acobardados, escabulléndole al bulto de la necesidad unitaria frente a un enemigo que se regodea ante las divisiones populares. Los líderes alimentan los espasmos combativos, no contra los dueños del Poder Real, sino contra sus propios compañeros en la imprescindible “guerra” contra semejantes contrincantes. Las masas de oprimidos observa sin encontrar la luz que les alumbre el camino nuevo, que restablezca los parámetros de mínimas concepciones solidarias, que inviten al desafío del enfrentamiento directo y total contra la indigencia moral de los fabricantes de tantos contubernios y miserias.

El tiempo sigue su curso fatal, avanza sin pudor ni retraso alguno hacia las muertes tempranas de los olvidados de siempre, de los ninguneados de la historia, de los últimos orejones de este tarro de incongruencias históricas donde nos sumergieron nuestros enemigos. Y donde nos empujan para abajo, nuestros supuestos defensores.

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