martes, 28 de septiembre de 2021

FUNCIONARIOS QUE NO FUNCIONAN

Por Roberto Marra

Hay situaciones y hechos que, si no fuera por lo dramático de sus consecuencias, generarían una sonrisa. Es el caso de las acciones que se llevan a cabo por parte de la Secretaría de Comercio Interior de la Nación, donde su titular propone, como única alternativa frente a los aumentos desmedidos de los precios de los artículos de primera necesidad, reunirse con los representantes de las cadenas de comercialización más concentradas. En el colmo de la ¿inocencia?, ¡les “pide” que no aumenten los precios!

Con caras de preocupación, los gerentes de tales oligopolios harán sus descargos, buscarán en sus alforjas de mentiras acumuladas en tantas décadas de descarado aprovechameitno de sus ventajas de poder concentrado, para terminar de cerrar esos endebles “acuerdos” que en un par de días desaparecen de la realidad cotidiana de sus cadenas de ventas. Un poco de “oxígeno” para la funcionaria en cuestión, una pelota más pateada hacia adelante sin buscar hacer ningún gol, más bien esperar que el balón de la alimentación postergada no rebote demasiado pronto hacia el arco propio.

Existe un mal muy difícil de erradicar de los gobiernos populares, como la presencia de funcionarios que transitan sus gestiones con absoluta disparidad de criterios con la ideología que llevó al Pueblo a poner sus votos de esperanza renovada en los líderes que mejor les representan. Ni siquiera se puede hablar de “traición” a los preceptos doctrinarios, sino de simple y clara ineficiencia para desempeñar los cargos para los cuales se les designan, vaya uno a saber por qué razón y por medio de cuales arreglos derivados de las características frentistas del gobierno.

No se trata de acentuar las incapacidades de esta funcionaria o cualquier otro, sino de exponer una específica manera de desmoronar el activo fundamental de un gobierno popular, los millones de sujetos que entienden la política como el medio superlativo para trocar sus pobrezas por dignidad. Son pocas las demandas sociales de los sectores populares: el acceso a la alimentación, al cuidado de su salud, a la educación, al trabajo y su remuneración digna, la recreación familiar y la vivienda.

No son lujos las pretensiones de quienes trabajan sin especular, pero dependen de las gestiones certeras y con apego a las convicciones ideológicas que llevan a las mayorías a confiar sus destinos a tales conducciones. Sí son egoístas, los especuladores permanentes, los financistas del Poder, los propietarios de las grandes extensiones de campos, los dueños de los oligopolios alimenticios y de cualquier bien material de necesidad popular. Son los pretenciosos amos de los destinos populares y sus inflaciones provocadas y provocativas, esa herramienta fundamental del capitalismo salvaje que apela a la destrucción de la capacidad adquisitiva de sus propios clientes, sabedores de la permanente necesidad de más y más desesperados por sobrevivir.

La intrusión de los gobiernos populares sólo se puede dar si quien conduce no hace prevalecer los criterios básicos para el desarrollo de los planes destinados a condicionar la producción a las necesidades imprescindibles de la población. Los errores derivados de la incapacidad resolutiva de los funcionarios y funcionarias, se pagan con el descreimiento de grandes sectores sociales, rápida y oportunísticamente aprovechado por el enemigo del Pueblo, con la utilización de sus artillerias mediáticas destructoras de la conciencia y la moral.

La “blandura” frente a semejantes “adversarios”, sólo puede generar retrocesos y abandonos de los objetivos y las metas fundacionales de un gobierno nacido desde la voluntad mayoritaria para transformar el horror neoliberal en certeza de modificación esencial de sus vidas. El temor a tomar decisiones que les duelan a estos trogloditas de la economía racional, conduce inexorablemente al fracaso.

Enfrentarlos con la decisión avalada por el acompañamiento seguro de millones de necesitados de convertir en realidad la declamada búsqueda de Justicia Social, permitirá soñar con la victoria sobre el maldito Poder Real, reproducirá hacia el interior del propio gobierno la facultad resolutiva y elevará la conciencia de saberse con la capacidad necesaria para desmalezar el camino hacia la auténtica soberanía popular.

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