martes, 14 de marzo de 2017

LA ENERGÍA DE LOS HAMBRIENTOS

Imagen de ContraInfo
Por Roberto Marra

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), reconoce que hay  seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para cubrir sus necesidades nutricionales y preferencias culturales para una vida sana y activa.
Pero, a pesar que los datos de la producción mundial de alimentos indican que, distribuida equitativamente, sería suficiente para proporcionar una dieta aceptable a cada una de las personas que actualmente viven en el mundo, cerca de 1000 millones de personas sufren hambre. Esto sucede, mientras la tercera parte de la producción de alimentos se despilfarra y no llega a los consumidores.
Los responsables de este genocidio permanente, escondidos detrás de discursos grandilocuentes sobre el futuro fin de la pobreza, invitan a esperar el maná que derrame de las copas de los ricos. Los propios hambrientos, paradójicamente, aceptan esta estructura mortal de abandono, porque sus deficiencias alimentarias también implican la incapacidad de elaboración de respuestas acordes a sus desgracias. Sus expectativas solo pueden ser las de sobrevivir hasta mañana, si es que lo logran.
Hemos escuchado hasta el cansancio que nuestro País produce alimentos para una población equivalente a más de 300 millones de personas. Sin embargo, el hambre sigue ahí, disimulado detrás de cifras que se muestran solo como eso, simples números. Los cuerpos carentes de calorías no se ven, o lo que es peor, se ocultan.
Con perversa saña, los dueños del Poder elevan sus riquezas, despojando de futuro a los más débiles de esta cadena del horror alimentario: a los niños. Ni la educación ni la atención a la salud les están dejando, mínimos requerimientos para saberse miembros de una sociedad que casi ni merece llamarse así, porque ha dejado a la solidaridad de lado, y donde los sueños de justicia social son repudiados por mayorías de idiotizados al servicio de sus verdugos.
¿De dónde saldrá la energía que se necesita para modificar tanta inequidad? ¿Quiénes serán los protagonistas de la épica batalla contra la maldad, instalada como necesaria? ¿Cómo encontrar el camino entre tanta miseria física y espiritual? Las respuestas a estas paradojales preguntas, solo podrán salir de la energía unificada de los hambrientos, que han sido despojados de casi todo, menos de sus simples sueños de ser, al menos, seres humanos.

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