viernes, 3 de marzo de 2017

EN NOMBRE DE LA SEGURIDAD

Imagen de www.desdelaplaza.com
Por Roberto Marra

La referencia a la seguridad como disculpa para el ejercicio represivo policial, es muy común en nuestra historia política y social. En su nombre se han realizado verdaderos crímenes, casi siempre impunes, en supuesta salvaguarda de los intereses de los ciudadanos “decentes”.
En nombre de la seguridad se sostienen, también, sistemas carcelarios denigrantes de la condición humana. Decenas de veces hemos visto las dramáticas revueltas carcelarias donde, por lo general, mueren algunos detenidos, hacinados en espacios que no podrían contener ni a la mitad de ellos en condiciones dignas.
En esos casos, la conmoción periodística inicial, donde se mezcla el morbo siempre presente en las crónicas destinadas a desviar la atención de lo verdaderamente importante, solo sirve para llenar espacios con discursos repetidos y consternaciones falsas. Los muertos serán rápidamente tapados por otros hechos prolijamente elegidos por el poder mediático para dar continuidad a su trabajo de sostenimiento de la estructura represiva contra los delincuentes pobres y protección de los forajidos ricos.
Sin propugnar el amparo de los delitos, ni a los asesinos, ni a los ladrones, se debiera antes comprender la verdadera estructura delictual y sus orígenes, para enfrentarla con la capacidad de respuesta preventiva y sancionatoria que se corresponda con la salvaguarda de la vida como base fundamental para su ejecución.
Muy lejos de ello, y sabedores de los instintos violentos que todos los seres humanos guardan en sus psiquis, los dueños del poder se aprovechan para promover la cultura de la venganza, reemplazo perverso de la conciencia sobre la compleja estructura que conlleva una sociedad, donde buenos y malos se entremezclan y donde la pureza espiritual, no existe.
En búsqueda de una organización social donde la división y el antagonismo se profundicen para facilitar su dominación, nunca les importará a los poderosos, la Justicia. Jamás se preocuparán por la tranquilidad de sus dominados. Mentirán siempre sobre la seguridad que dicen defender en sus discursos de obscenas ficciones de futuros de paz.
Alimentarán mediáticamente el apoyo de la población hacia los siniestros métodos represivos y de encierro a los sectores sociales a quienes se les asigna el origen de los delitos.  Abonada la estigmatización sobre el pobrerío, el desprecio de la sociedad “bien pensante” verá con agrado la represión violenta con quien se atreva a desafiar lo establecido, sin importar la inexistencia de delitos. Tarde descubrirán que todos serán víctimas de sus propias necedades. Y cómplices, de sus propias muertes.

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