Cada aniversario de la muerte de Perón, se desata un torrente de alabanzas hacia él. Miles y miles de mensajes salen del corazón de quienes lo consideran la base de sus mejores recuerdos, el origen del concepto mismo de justicia social, la manifestación clara del poder popular con liderazgo consustanciado con sus derechos. Pero también salen a relucir los conceptos que intentar lapidar su imagen, de erosionar sus ideas, de castrar su poder cautivador de las masas, intentando matarlo de nuevo y extraerlo del imaginario popular. Aparecen ahora, además, aquellos que intentan nublar su legado, maniatarlo a procedimientos lejanos a la doctrina nacida de su enorme capacidad analítica, someterlo al mensaje paralizador del “no se puede”, aplastarlo con la negativa utilización de la “correlación de fuerzas”.





























