martes, 8 de mayo de 2018

CALIFICACIONES RIESGOSAS

Imagen de "Opciones"
Por Roberto Marra

Las “calificadoras de riesgo” se han puesto nuevamente de moda. Con increíble hipocresía, nos advierten del mal estado de nuestra economía, a pesar de haber sido eternos partícipes en la llegada de este tipo de gobiernos en todo el Mundo. Ahora, con su permanente prédica de exclusivo interés financiero, alejadas de todo lo que huela a beneficios reales de los pueblos, nos avisan del desastre al que nos dirigimos gracias a las bestialidades económicas del “grupo de tareas” neoliberal que se apoderó de la Rosada.
Conviene recordar que estas mismas empresas acompañaban las falsedades de los opositores al anterior gobierno, poniendo “malas notas” a la gestión que, con sus más y sus menos, había colocado a nuestra Nación en el camino de una estabilidad financiera que permitía el crecimiento individual y el sostenimiento de proyectos de desarrollo que elevaban la calidad de vida general y aseguraban la tranquilidad de un futuro previsible o, al menos, controlable.
Moody’s, The Sunday Times, Financial Times, Fitch y otras por el estilo, son esas entidades supra-nacionales que actúan, sin decirlo, para asegurar los intereses del Imperio y sus socios mayoritarios, mintiendo cuando hace falta para lograr cambios favorables a sus objetivos de dominación financiera y económica mundial.
Con base en números a veces reales, a veces inventados, pegan el grito de alerta ante los desvíos del camino que los lleva (a sus mandantes) al apoderamiento de las estructuras de poder económico de cada País, sin importarles ni en lo más mínimo el destino de miserias al que nos conducen a los pueblos que vivimos en ellos. Nunca ven los horrores que hacen los gobernantes de su matriz dominante, y menos todavía atienden las certezas que se les puedan mostrar desde los “populismos” que tanto desprecian.
Enfrascados en sus “teorías”, falsificadoras de la vivencias reales, estigmatizantes de las políticas de justicia social, señalan con sus dedos manchados de la sangre de millones de víctimas de sus improperios financieros a quienes se atreven a soslayar sus “consejos” para atender los intereses populares con independencia y valentía soberana.
No les importa bajar las inflaciones, ni detener las subas del fetichista dólar, ni evitar la caída de los salarios, ni bajar el famoso déficit, ni estimular la producción con inversiones fantasmales que jamás vemos. Solo importa el pago de la deuda que, sin casualidad alguna, han sido copartícipes en que las contrayamos, alimentando la rueda de la especulación de la que viven.
No deben importarnos un ápice sus opiniones. No podemos aceptar que se conviertan en la fuente de la sabiduría diaria ni en alimento de nuestras disputas internas, ni en las palabras endiosadas que nos dén sus sentencias. No podemos darnos el lujo de caer, por enésima vez, en la trampa de la voracidad capitalista neoliberal, que nos ha conducido (siempre) a la decadencia y la destrucción social.
Cómplices por conveniencia del “gobierno de los gerentes”, ahora vienen por más, sabiendo siempre de antemano lo que los “mercados” preparan en su próximo asalto (porque “son” los “mercados”), mientras los contumaces mentirosos del “cambio”, nadan en sus propios excrementos financieros, enchastrando a quienes todavía continúan, ciegos de odios irracionales, caminando hacia la puerta de un infierno demasiado conocido.

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