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| Imagen Página12 |
¿Por qué nos producen tanta
sorpresa los bruscos virajes producidos por algunos referentes muy
caracterizados y públicamente identificados con la gestión de Cristina Kirchner
que pasaron a integrar la proveeduría de votos parlamentarios para la derecha
neoliberal? Tanto por una abundante literatura teórica como por la simple
práctica cotidiana, sabemos que la política tiene en su interior un profundo
componente oportunista, una necesidad inexcusable de adaptación a los tiempos y
a las circunstancias; así lo exige la política como profesión, la política como
red institucional que necesita agentes que la ejecuten y que vivan de esa
práctica. Es muy bien recibida en cualquier sobremesa decente la queja sobre
esas prácticas, pero lo cierto es que no son tan diferentes de las que funcionan
en cualquier grupo humano más o menos organizado. La mercantilización de la
vida no rige solamente para la profesión política, ocurre también en “las
mejores familias”. No hablamos de la “mercantilización” de los sobornos para
votar en una u otra dirección: eso es simplemente un delito. Hablamos de la
preocupación por la carrera, por el éxito, por la visibilidad. No parece ser
exclusivo de la política.


















































