lunes, 30 de abril de 2012

LA VIDA DE LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

Por Ricardo Martínez Martínez*
 
La guerra psicológica está montada en Venezuela. Los golpistas de antaño, clero, medios privados y empresarios voraces, a la sombra del imperio estadounidense, resurgen con nuevas tácticas de desestabilización a cinco meses de las elecciones presidenciales.
El curso objetivo-guía de la desinformación, matriz de la propaganda de la feroz oposición encabezada por Henrique Capriles, radica en el uso tele estratégico discursivo de la enfermedad del Comandante Chávez.
Buscan reeditar el golpe de Estado del 2002 con el concepto de “vacío de poder”. Mentir sistemáticamente con la especulación de que la enfermedad del Presidente Hugo Chávez es incurable y por ello “él estaría incapacitado” para seguir al frente del Estado. El veneno mediático se expandió durante un día entero de esta semana, en la cual mensajes cortos en twitter y las redes sociales fueron plegados por informes falsos que van desde la muerte del presidente Chávez hasta “el Presidente no puede gobernar desde lejos”.
Los responsables apuestan a que el “vacío de poder” oriente una opinión pública que dé un cheque en blanco a acciones violentas, predeterminadas y dirigidas a menoscabar el proceso de participación ciudadana electoral que garantiza la Constitución y que a todas luces dará el triunfo al actual gobierno del partido Socialista Unido de Venezuela.
El Presidente Chávez desde la Habana dijo: “lamentablemente parece que tendremos que irnos acostumbrarnos y, sobre todo en los siguientes meses, a vivir cruzados de rumores porque eso es parte de los laboratorios de guerra psicológica, laboratorios de guerra sucia que están activados día y noche en distintas partes de este continente.”
Vemos entonces que se continuará en forma creciente con el libreto en dos direcciones: opinión pública y acciones violentas. Estas dos últimas son partes constituyentes de la tipología de las guerras conocidas como de cuarta generación, en las cuales los medios de comunicación y los dispositivos electrónicos son usados para generar escenarios complejos de acción sorpresiva virulenta.
No se trata de una guerra convencional de armas, sino de sustituir los comandos militares por unidades comando de información y propaganda que tienen como misión golpear las mentes y los corazones de la población, bajar la moral, desinformar, generar caos y llamar a la insubordinación de los sectores conservadores. Buscan generar con ello un escenario adecuado para acciones violentas y golpes simultáneos.
En el caso de Venezuela, la variante es anti bolivariana, es decir, la guerra de cuarta generación se atribuye al concepto de la guerra contraterrorista al concepto de la guerra anti bolivariana. Los ejércitos de desinformadores de la televisión corrosiva como es Globovisión ya cuentan en sus pautas con conceptos cargados de determinación negativa y manipulación emotiva: “bolivarianismo, chavista, populista”, etc.
Para ello se ha montado un plan de guerra psicológica que está destinado, según los teóricos de la guerra asimétrica, a aniquilar, controlar o asimilar a quienes son considerados sus enemigos. Esto es la manipulación de un individuo-masa que potencialmente se oponga, en este caso, al gobierno venezolano, a su partido y a la fuerza social que los sustenta.
Se trata de dislocar a la sociedad hasta convertirla masivamente en alienados programados que respondan a las directrices que los mass media determinen, tal y como lo experimentaron en un breve tiempo los medios de comunicación durante el golpe de 2002. Llamaron a apoyar el quebrantamiento del orden constitucional. Estas operaciones psicológicas constituyen un arma estratégica y operacional dominante y si logran sus objetivos, activarían un segundo plan que serían las acciones de violencia masiva.
Ante esta realidad, el pueblo venezolano cuenta con un nuevo desafío. Lo primero es reconocer que esta maquinaria de guerra está montada y aceitada para incidir en esta nueva coyuntura política. El enemigo es poderoso, concentra los medios privados y laboratorios de propaganda y guerra psicológica; cuenta con recursos económicos de los grupos del crimen organizado y tiene el respaldo de Washington.
Lo segundo es que el poder popular construido debe activar los medios de información que educan y organizan, esto es, los medios de comunicación comunitarios y participativos, además de la influencia que tienen los medios públicos radiales y televisivos de la Revolución. De tal manera que la verdad tenga posibilidades de masificarse y así neutralice la guerra de la desinformación.
Además los pilares populares, cuadros políticos, movimientos sociales y grupos de vanguardia deben conformar un frente político de masas que salga a las calles a defender de forma pacífica los logros del bolivarianismo.
Ante la guerra psicológica, movilizar los esfuerzos de la paz con justicia y dignidad. La batalla definitiva comienza en el terreno de las ideas, de cómo hacerlas defensa de los intereses populares y, para ello, la organización, los medios de comunicación adecuados y la voluntad de vencer.

*Publicado en Telesurtv.net

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