![]() |
| Imagen Tiempo Argentino |
En estas vacaciones
contemplativas y espirituales que me he tomado he tenido oportunidades de leer
completamente varios textos ilustrativos e interesantes que hablan de la
situación política nacional e internacional. Al compás de mis lecturas, se
produjo en Argentina la devaluación del peso tan exigida por los exportadores
–principales beneficiarios- y neuróticamente celebrada por las clases medias
que, al mismo tiempo que se veían perjudicadas por la pérdida de poder
adquisitivo real –de la misma manera que los sectores populares, claro-. Más
allá de la necesidad o no de la medida implementada por el gobierno –cierto
retraso cambiario podría justificarla-, lo sustancial en el hecho es la
cualidad de la toma de decisión: ¿fue una decisión soberana del Estado o un
arrebato por parte de los sectores económicos dominantes del dinero de la
mayoría de los argentinos? La respuesta es clara: fue el resultado de la
presión de los grandes especuladores –a los que se suman la acción minoritaria
de los desesperados de siempre que no quieren, con obvia razón, perder sus
ahorros por la ventisca cambiaria- que, entre otras, cosas no liquidaron
exportaciones para presionar sobre el precio del dólar (incluyendo, claro, las
acciones cuasi delictivas del CEO de la Shell).


















































