He
desarrollado antes, con mi sagacidad habitual, la idea de que en este
país se acabó el miedo a la falta de trabajo. Bueno, me equivoqué.
Parece que los encuestadores nuestros de cada día (¿para cuándo un
encuestador al poder; que todo lo saben, todo lo dicen y casi a nada le
pifian de tanto que pronostican y pronostican?), han salido a
preguntarle a los argentinos a qué le tienen miedo, y de nuevo aparece
el fantasma de la falta de trabajo y los problemas económicos que
parecían haberse licuado en una realidad más bien próspera, con el
precio de la soja por las nubes y un aire de cambio en el ánimo de este
país que se resiste a instalarse. Como una forma de contribución a
combatir este miedo, he creado, con la ayuda de pensadores de todo el
mundo y medio kilo de yerba, una serie de nuevas carreras modernas, con
futuro y que pueden ayudar a muchos argentinos a sentirse más seguros.
Saque lápiz y papel, esto es una prueba. Ahí van.
Uno de los más odiosos -y recurrentes- gestos que el
burocratismo obsequia a los pueblos, es el del “látigo de la
indiferencia”. Se trata de una “indiferencia” especial, combinada,
oportunista y adaptable según se trate de épocas electorales o de lapsos
de gestión “pura y dura”. Es una “indiferencia”, refinada y astuta,
esmerilada con la crueldad de la grosería más obvia y la patanería más
hipócrita.
Argentina no está creciendo a tasas "chinas" como lo ha hecho en años
anteriores; a partir de junio de 2011 comenzó a evidenciarse una
tendencia al amesetamiento: en algunos meses se observa crecimiento y en
otros decrecimiento. Para conocer entonces dónde estamos parados, propongo utilizar un
ejercicio simplificador. Supóngase que toda la producción del país son
manzanas y son consumidas en su totalidad por los habitantes; en junio
de 2007, antes de la crisis, los habitantes podían comer 165 manzanas
por mes, aunque muchos economistas indicaban que el pueblo podría
indigestarse y recomendaban comer menos fruta (es decir, proponían
enfriar la economía); en mayo de 2011, luego de la recuperación, la
ingesta de manzanas alcanzaba las 197 unidades mensuales; un año
después, luego del amesetamiento mencionado, se podían ingerir 196
manzanas, uno menos que el año anterior pero 31 más que en junio de
2007.
Dos años después de la desaparición física de Néstor Kirchner se abre
la posibilidad de mirar con un poco de perspectiva histórica lo que
significó su vida política. Hasta ahora sólo se podía realizar una
mirada afectiva –positiva o negativa– sobre su figura o un análisis
sobre las formas que tomaría o tomaba el país sin su figura política.
Todos esos caminos de abordar el hecho más conmovedor y conmocionante de
los últimos diez años –la muerte de un conductor político en actividad–
ya fueron transitados. Ahora, creo, es necesario comenzar con el
balance sobre lo que significó Néstor Kirchner y sobre las cosas que
volvió a significar el ex presidente de la Nación.
Quiero estacionarme en el
recuerdo de aquellos treinta y tres mineros sepultados en Agosto de 2010, y
rescatados todos ellos a mitad de Octubre de ese año. En clave de poesía
hablando, lo tuvo todo de poético aquél suceso trágico devenido más tarde en felicidad.
La composición que plasmó la televisión, más el ingenio tecnológico de ducto,
encamisado y cápsulas, tuvo esa omnipresente dimensión poética en esos días, y
en tanto eso fue, se grabó en el alma de todos.
Cabalgando contra esa desolación y viniendo de una
tierra lejana, cuyo nombre no deja de tener resonancias míticas y
fabulosas, un viejo militante de los setenta, aggiornado a los cambios
de una época poco dispuesta a recobrar espectros dormidos, derramó
sobre una sociedad, primero azorada y luego sacudida por un lenguaje
que parecía definitivamente olvidado, un huracán de transformaciones
que no dejaron nada intocado y sin perturbar.
En sus ediciones del domingo 21 y lunes 22 (de octubre de 2012),
Clarín acusa al gobierno de hacer negocios con las empresas amigas en
las licitaciones para la construcción de la red nacional de fibra óptica
que lleva adelante la estatal Arsat. Omite reconocer que los pliegos
permitieron que se presenten todos los proveedores del mercado, sin
condiciones que limiten las licitaciones sólo a las grandes empresas y
sin ninguna cláusula orientada hacia alguna en particular.
Como consecuencia de un golpe periodístico, quien fuera
jefe de la Policía de Santa Fe, Hugo Tognoli, cambió su uniforme de
funcionario jerárquico por el de preso en un calabozo de la base de la
Policía de Seguridad Aeroportuaria. No se le reprocha –por ahora– su
responsabilidad política en las violaciones a la ley que comete el
narcotráfico a nivel nacional, sino haber protegido al narcotraficante
del sur santafesino Carlos Ascaini cuando era investigado por comerciar
droga, a la que se refería gastronómicamente como "merluza a la
napolitana".
Es una historia muy dura. El pasado 24 de febrero la policía
ucraniana descubrió en el interior de una furgoneta huesos y tejidos
humanos mezclados con fajos de billete. No se trataba del crimen de un
mafioso vengativo o de un sociópata desalmado sino de los flecos de un
negocio banal. Ucrania forma parte de la ruta internacional de
“ingredientes” para la fabricación de artículos farmacológicos
-implantes dentales, prótesis y cremas antiarrugas- vendidos en todo el
mundo y muy especialmente en Estados Unidos, máximo receptor de este
tipo de productos.
Dos
imágenes casi idénticas se han repetido en los últimos diez días a la
largo del país: Se trata de la foto del equipo titular de Unidos y
Organizados en Jujuy y en Córdoba. En esas fotos se encontraban los
referentes de La Cámpora, La Jauretche, la Corriente Peronista, JP
Descamisados, Kolina, Movimiento Evita, el Frente Transversal, La
Güemes, Miles, el Frente Grande, Nuevo Encuentro, La Tupac y La
Colectiva, entre otros. En la foto de Jujuy se podía ver a Andrés
Larroque, Emilio Pérsico, Luis D'Elía y Milagro Salas en un abrazo
apretado después de los discursos. Es una foto epocal, diría.
“Entre
el fuerte y el débil, la ley es la que protege y la libertad es la que
oprime.” La frase acompañó la campaña del líder del Frente de Izquierda
francés, Jean-Luc Mélenchon, en las últimas elecciones. La mirada de
Mélenchon sobre la realidad latinoamericana en general, y argentina en
particular, permite alejar un poco el foco y ver algo más que un
dirigente europeo de izquierda que reivindica a esta región como el
escenario en el que se desarrollan hoy alternativas políticas potentes:
esa mirada expresa también la necesidad europea del cambio de timón, de
paradigma, de escala de valores, de noción de lo público y sobre todo
del Estado.
Las
experiencias traumáticas de fases recesivas en el ciclo económico
argentino han determinado un sesgo analítico hacia la deducción de que
toda crisis necesariamente concluirá en resultados devastadores. Los
antecedentes de varias décadas ofrecen como prueba varios episodios
críticos, con el saldo de fuertes devaluaciones de la moneda nacional,
incremento de la desocupación, quiebra de empresas y bancos, deterioro
social y fuerte aumento de la pobreza.
¿Crisis? ¿Qué crisis? O al menos eso debe preguntarse el Sr.
Amancio Ortega, propietario de Inditex y de la firma Zara, que en los
últimos tres años ha visto casi triplicar su patrimonio hasta
convertirse en la 3a gran fortuna a nivel mundial. O bien la Sra. Alicia
Koplowitz cuya SICAV Morinvest, la mayor del Estado español, ha
aumentado su patrimonio en un 16%, del 2010 al 2011. O los directivos de
Seat que se subieron el sueldo, el año pasado, un 60%.
(Rodolfo Kusch nació en Buenos Aires en 1922 y murió en Maimará, Jujuy, en 1979.)
En 1966, el pensador Rodolfo Kusch (1922-1979)
escribió el trabajo que aquí se rescata, donde, a partir de un par de
expresiones coloquiales, se pregunta qué puede ser “salir de sí mismo”
y, en los términos más cotidianos, examina la cuestión de lo sagrado. Es
un texto de intensa actualidad.
Según el mito bíblico, en el Paraíso original no había niños ni adolescentes.Según las iconografías de diversas épocas, Adán y Eva aparecen
dibujados y pintados como adultos. Por otra parte así lo dice el texto:
fueron creados como hombre y mujer, ya crecidos. No había jóvenes en el
Edén.Si Adán y Eva lo hubiesen sido, después de la maldición bíblica y de
la expulsión del Paraíso –primer antecedente de violencia familiar, un
Padre que expulsa a sus hijos–, en lugar de irse los dos, sumisos y
resignados, hubieran tomado el Edén.
La
crisis desatada a fines de 2001 representó el fin del ciclo de la
convertibilidad. Un período querepresentó un enorme retroceso, tanto en
las condiciones de vida de gran parte de la población argentina como en
el desarrollo productivo. La drástica caída verificada en el empleo
industrial y la persistencia –durante casi una década– de una tasa de
desempleo abierto de dos dígitos, fueron dos de sus heridas más
dolorosas. Parte del costo de un esquema económico que tuvo como eje el
control de la inflación y la irrestricta liberación de los mercados,
mientras se proclamaba que “sobraba un tercio de argentinos”.
Hay
gente que cree que por cantarle o escribirle poemas a las cosas, esas
cosas terminan por hacerse realidad. Quizá sucedió así con la luna; la
luna no existía hasta que a los enamorados se les dio por usarla de
analogía de los amores inalcanzables, y la luna se apareció, redonda y
brillante, como nunca debería decir un poema. El resultado al fin no es
malo, porque un objeto que no servía para nada se volvió excusa para
traer hijos al mundo e inspiración de más poemas y canciones de amor.
Luego el hombre sintió la necesidad de ir a ver (tanto romanticismo da
diabetes) y la luna se volvió (porque se supo que lo era) un satélite
árido, inútil, sin agua ni aire, sin marcianos que conquistar, un
verdadero cascote, y que algún día se nos va a caer en la cabeza nada
más que para protagonizar una única épica en su vida y justificar su
existencia.
¿Cuál es la razón de ser del transporte público
en la Ciudad?: Nada más y nada menos que constituirse en el básico factor de
comunicación entre las personas y el comercio, la industria, la educación, la
salud, el esparcimiento y los servicios. ¿Podrían existir los comercios sin la
afluencia de sus empleados y
compradores, la mayoría de los cuales la hace utilizando el transporte
público? ¿Acaso los obreros van a las fábricas y talleres en lujosos
automóviles? ¿No concurren la mayoría de los chicos a las escuelas utilizando
ese servicio público? ¿No necesitan del transporte los hospitales, sanatorios,
clínicas y laboratorios? Y cuando las mayorías se quieren divertir, ¿no
necesitan acaso del transporte público?
Yo creo que no estoy a favor del aborto. Desde el punto de vista
estrictamente individual me parece un hecho tristísimo y lamentable. No
estaría en condición de decir que jamás permitiría que una mujer
abortara un hijo mío porque las circunstancias de la vida son tan
irreverentes que andar por allí dando sentencias categóricas me parece,
al menos, un acto de poca elegancia. Pero hay algo allí que me entumece
de tristeza vital.