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| Imagen Agencia Paco Urondo |
La situación del país es
insólita, pero en modo alguno desesperante: el campo popular superó momentos
mucho peores. Además, toda Latinoamérica sufre esta etapa avanzada del
colonialismo corporativo. Por suerte, frente a las horribles tragedias de
nuestros hermanos, hasta el presente no llevamos la peor parte ni mucho menos.
No obstante, no dramatizar no significa subestimar el panorama
argentino actual, que es de caos institucional (gobierno por decretos-leyes,
incluso en materia penal y tributaria; despidos masivos e indiscriminados de
funcionarios; distribución centralizante de la coparticipación federal;
designación de jueces supremos por decreto; clarísima usurpación de
competencias del Congreso; amenaza a la autonomía del Ministerio Público;
desbaratamiento del AFSCA; supresión de toda disidencia en los medios de
comunicación; endeudamiento e inflación; devaluación acelerada del salario
real; extorsión manifiesta al sindicalismo; y un largo etcétera).
















































