Por Gustavo Daniel Barrios*
Una fuerte necesidad de orientar la vida en otra dirección, sentir
multiplicado pero en reserva, me hace atisbar que la litoraleña Formosa, la más
silenciosa y escasamente promocionada de las provincias, sita en el nordeste
del país, guardaría un testimonio en su silencio, tal vez, que nos sería a
todos de utilidad. Una bifurcación de la
vía en el caminar de las costumbres, me alerta el bajísimo perfil provinciano
de Formosa; un signo por demás de atractivo, que al bifurcase un camino para
redirigir el rumbo, si la elección de la vía es la más inexplorada, esa servirá
para contraponerse a la aglomeración pétrea, o a las cosmópolis anónimas
frustradas, a la hora de contenernos en el deseo comunal de expandirnos hacia
el desapego, desinterés, y repudio a toda convención limitativa para el ser.