martes, 25 de junio de 2019

FABRICANTES DE IGNORANCIAS

Imagen de "Página/12"
Por Roberto Marra
Existe una matriz mediática que ha sido elaborada para mantener en la ignorancia a la mayoría de la población sobre los hechos que de verdad importan. Para lograrlo, utilizan el viejo y eficaz sistema de hablar, con sensacionalismo, de realidades supuestas o directamente inventadas, protagonizadas siempre por los enemigos ideológicos de los poderosos oligarcas que se apoderaron de las estructuras del Estado.
En ese escenario de virtualidades preparadas para crear inconciencia sobre la objetividad de los sucesos, se desarrollan esas teatralizaciones mendaces que contribuyen a generar rencores y odios sobre figuras políticas de trascendencia, pero también menosprecios sobre cuestiones que involucran a poblaciones enteras afectadas por el avance, aparentemente incontenible, de las peores lacras de un capitalismo obsceno, por la dimensión de las atroces condiciones a las que somete a los trabajadores, los auténticos generadores de las riquezas que después ostentan los energúmenos autoasumidos como “grandes empresarios”.
Es el caso, prácticamente desconocido para el grueso de la población del País (como no sea para los familiares y vecinos de los afectados), de los obreros de la Mina El Aguilar, de Jujuy, el feudo del más auténtico proxeneta de la política, el “emperador” Morales. Este secuestrador y miembro de una banda dedicada al saqueo y la violación de los derechos humanos más elementales, es también protector de la empresa concesionaria de la mina en cuestión, que no podría hacer otra cosa que eludir cualquier protección de la seguridad de los trabajadores.
Han reaccionado ahora estos mineros con una marcha épica de más de doscientos kilómetros para hacer notar sus penurias y el salvajismo del maltrato de sus condiciones laborales. Este hecho, que con una real existencia de periodismo debiera haber trascendido mucho más allá de las fronteras provinciales, solo ha conseguido que algún medio lo relatara marginalmente, lo suficiente para que los buscadores de noticias auténticas lo pudiesen ubicar, pero lejos de la posibilidad del conocimiento masivo del grueso del público, obnubilado por las ficciones judiciales que mantienen en alerta a los odiadores y posterga la verdad objetiva hasta el infinito.
Centenares de hombres y mujeres caminando para reclamar lo que ni siquiera debiera ser puesto en duda por estos “patroncitos de estancias” puestos a gobernar o conducir empresas productivas a las que, inexorablemente, funden. Sufrimientos acumulados en los rostros de los mineros reflejando la explotación miserable de los dueños de hacer y deshacer cuanto se les ponga al alcance de sus manos, todavía con las huellas de la sangre de herencias represivas de la dictadura. Esperanzas olvidadas de los habitantes de esos pueblos yermos de derechos, que solo atinan a buscar paliativos para las condiciones de semi-esclavitud en la mina que es su único sustento.
Ocultar las miserias es uno de los mandamientos del “periodismo” rastrero que solo sabe tergiversar o desviar las miradas de los ciudadanos convertidos en autómatas repetidores de sus consignas de revelable pasión antipopular. Sin límites para sus provocaciones diarias, se ocupan de mantener en el anonimato las consecuencias de la acción destructiva de los gobiernos vendepatrias, los mismos que alimentan sus bolsillos y los convierten en engranajes de esta maquinaria genocida que nos agobia y nos mata con la unción de los perversos.
Pero la historia, mal que les pese a estos obsecuentes de verbas incoherentes con la realidad, la construyen los pueblos. La hacen y la reproducen los que trabajan con honestidad y con fervor patriótico, esos sentimientos que nunca han conocido estos falaces reproductores de eslogans imperiales y de frases establecidas por esos oscuros personajes de los “tanques de pensamientos” del Poder.
Será por la fuerza incontenible de estos mineros y de tantos otros trabajadores dispuestos a no aceptar más una vida postergada para siempre, que renacerán las banderas que algunos pretendían enterradas en el olvido. Y será Social la Justicia que los liberará de todos los desprecios cargados sobre sus espaldas, continente de todas las vergüenzas convertidas, ahora, en esperanzas.

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