viernes, 20 de marzo de 2026

LOS TRAPITOS AL SOL

Por Roberto Marra

La persona culpable es solo uno de los objetivos del castigo. Porque el castigo se dirige sobre todo a los demás, a todos los potencialmente culpables.” - Michel Foulcoult.

Los senadores provinciales en Santa Fe, se encuentran entre los legisladores mejor pagos de Argentina, con sueldos netos (en 2025) que superan los 8,5 millones de pesos mensuales. Además de la dieta, cada senador maneja un presupuesto anual aproximado de 200 millones de pesos, el cual es distribuido de manera discrecional.

Los senadores provinciales de Santa Fe son gente aparentemente muy preocupada por los problemas sociales, razón por la cual direccionan su accionar cotidiano contra los peligros supremos que la ciudadanía enfrenta a diario. El más importante de esos problemas, de acuerdo al proyecto del senador Ciro Seisas aprobado recientemente en esa Cámara de la Legislatura provincial, es la de los “cuidacoches”, vulgarmente denominados como “trapitos”.

Esos senadores conviven, a su vez, con uno de sus integrantes más conspicuos, acusado de ser el jefe de una asociación ilícita, de tráfico de influencias, de cohecho, de negociación incompatible con la función pública, de organización ilegal de juegos de azar y de peculado. Sin embargo, tal lista de notables delitos con pruebas presentadas ante el poder Judicial, no ha sido suficiente para que la apabullante mayoría de sus integrantes haya manifestado objeción alguna a la continuidad de tan “insigne” representante de la población santafesina entre sus filas.

El peligro real, para estos especialistas en bordear la realidad, son los “cuidacoches”. En ellos reside la gravedad institucional; en los resultantes finales de las políticas económicas que esos mismos funcionarios sostienen con fervor, encuentran el motivo de sus “gestas patrióticas”. Para estos desmanes legislativos utilizan sus cuantiosos honorarios sin honor.

Los senadores son los “cuidafortunas” de los poderosos, los emancipadores de la violencia letal de las fuerzas de seguridad que aseguran la proliferación de lo que dicen combatir. Son los que no ven la destrucción de la sociedad por efecto de las ambiciones ilimitadas de quienes reconocen como sus únicos mandantes, nunca el Pueblo que los vota. Son los ventajeros de la política irracional que asegura el sistema de privilegios, del que ellos son una parte mínima, pero necesaria. Son los extremos del largo brazo de una “justicia” que sólo castiga al desposeído, encierra al ladronzuelo de poca monta y sanciona al rebelde manifestante de las ideas liberadoras.

Pero seguirán haciendo daño a la razón, combatiendo a los “trapitos” o cualquier otro sector lumpenizado de una sociedad atomizada y desvalida por efecto de ellos mismos. Sociedad que recibirá con placer morboso semejante enfermedad institucional traducida en la eliminación de las molestias callejeras de esos insignificante resabios de las políticas económicas que no cambiarán, para satisfacción obscena de los dueños de un Poder que fructifica con el abono de la ignorancia y la brutalidad que siembran cada día desde el sistema educativo.

Los ricos de la política haciendo estragos sobre el pobrerío contemplativo. Las fuerzas del mal ejerciendo su poderío sobre los abandonados a un destino que no es tal. Los cuidadores de la mugre social implantada para la dominación absoluta de las mayorías, resolviendo los “problemas fundamentales”, pero dejando pasar los elefantes por el bazar de las ofertas de miserias eternas. Y el hambre creciendo entre el piberío, abandonado a la libertad de no elegir otra cosa que la muerte permanente en las calles de la angustia programada.

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