lunes, 13 de agosto de 2018

ATENTADO A LA PATRIA (GRANDE)

Imagen de "Pensando Américas"
Por Roberto Marra
Si se pone atención a la sucesión de hechos que se vienen dando en toda Nuestra América, teniendo conciencia de la unidad implícita con la que el mismo imperio considera a este Continente, visible a través de la repetición de las mismas acciones en cada uno de los Países que lo integran, se notará que en cada uno de ellos se va conformando una especie de “embudo” político hacia el cual nos empujan para conducirnos hacia las salidas que solo a ellos les convienen.
En sus ya casi ni ocultos “tanques de pensamiento”, elaboran métodos coercitivos de las voluntades de los pueblos, arrastrando a millones de personas a las peores de las vidas, consumiendo sus tiempo sin rebeliones, aplastando con saña cualquier atisbo de cuestionamientos, matando, literalmente, a quienes se opongan a sus decisiones.
No puede extrañar, entonces, las declaraciones repugnantes y soeces de los autores intelectuales del intento de asesinato del Presidente Maduro en Venezuela, mostrando sus fauces preparadas unicamente para morder impiadosamente a sus aborrecidos enemigos de clase, sustentados en el peor de los respaldos, el de la inmoralidad satánica de los enemigos del Planeta, los hacedores de todas las guerras, los verdaderos terroristas del Mundo, ese decadente imperio de ínfulas muy altas y vergüenzas imposibles.
La profundización de las desgracias populares forman parte del camino hacia lo que imaginan como el fin de su odiado “populismo”, convenciendo previamente a los creídos miembros del privilegio pasajero que, antes de que lo puedan pensar, estarán arrastrándose en el mismo lodo al que ayudaron a empujar a sus despreciados conciudadanos de rostros más oscuros y orígenes más americanos.
La verdad hace rato que dejó de existir por estos lados en los medios de comunicación. Su partida de defunción la presentan cada día ante nuestros ojos y oídos, para asegurarse que entendimos su asqueroso mensaje extorsionador. Los intentos de magnicidios que tratan como autoatentados, revelan la condición inhumana de sus integrantes y sus mandantes a los que, a estas alturas, ya son demasiado parecidos, e imperdonables.
La burla hacia los auténticos líderes populares de la región es permanente e insoportable. Pero, sin embargo, se soporta. Demasiado, se podría decir, ya que los pasos siguientes son los asesinatos de ellos, después de bañar con el excremento de falsedades con las cuales logren convencer a los pueblos de hechos que nunca pasaron, de palabras que nunca se dijeron, de fortunas jamás probadas, de acusaciones de inmoralidades que son, solamente, el espejo de las que los acusadores sí cargan en sus espaldas.
Traicionar se ha transformado en un deporte para algunos politiqueros con ínfulas de estadistas, como el presidente rodante de Ecuador, o el (In)presidente de Brasil, caricaturas horrendas de lo peor de nuestras historias, deshonestos malandrines que ocuparán el peor de los sitiales en el devenir de los tiempos. Mentir es el otro entretenimiento preferido por estos inútiles farsantes, a lo que recurren para sostenerse en sus poltronas estatales, mancillando el honor de haber sido electos, aún cuando haya sido por la idiotez de millones fabricada al efecto.
Quedan pocos representantes auténticos de los Pueblos en nuestra Patria Grande. Sostenerlos es la proeza a la que debiéramos estar dedicados todos, si tuviéramos la suficiente lucidez colectiva para entender lo que sobrevendría en caso de que esas experiencias maravillosas y audaces desaparecieran.
Abrazarlos con la ayuda de nuestras propias liberaciones sería el refuerzo que impediría el retroceso mortal que pretenden el imperio y sus socios oligarcas. Elaborar programas que den continuidad y profundicen los avances logrados antes de la invasión neoliberal, será el camino inexorable para reconquistar la soberanía perdida en nombre de un cambio que solo vino para darle el tiro de gracia a las esperanzas y los sueños que, desde hace más de doscientos años y con la misma saña, pretenden exterminar.

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