Por Roberto Marra
Las clases sociales, existen. Las disputas entre ellas por sus respectivos intereses, también.
El imperialismo existe, es despiadado y sus intentos de dominación son permanentes.
Las verdaderas dueñas de las finanzas y la economía global son las corporaciones hegemónicas, con capacidades superiores a las de las naciones.
La voluntad aspiracional oligárquica de la llamada clase media, es el límite para su acompañamiento a los procesos políticos populares.
La postergación permanente de los sectores más empobrecidos de la sociedad, genera en ellos sentimientos de culpas antes que de rebelión.
La mirada clasemediera hacia los integrantes de los sectores de menores recursos económicos que ellos, es de lástima o desprecio, antes que de solidaridad o empatía.
Los dueños de empresas grandes nunca aceptarán ni acompañarán propuestas o planes de desarrollo que limiten, aunque sea en un mínimo, sus poderíos económicos y financieros.
Los pequeños empresarios que no se reconocen como parte del entramado económico nacional, terminan sirviendo a los intereses de los dueños de las grandes corporaciones.
Quienes toman la política como una profesión, jamás aceptan que no puedan encabezar las listas de candidaturas.
Los funcionarios sumados a las administraciones estatales por los sectores políticos antipopulares, sirven como “caballos de troya” para la destrucción de los planes de los gobiernos populares.
Los gobiernos populares deben ser capaces de sostener sus planes y las medidas derivadas de ellos, mediante la fuerza de la organización popular y su participación protagónica permanente.
Los gobiernos populares deben asumir las responsabilidades históricas que les toque, ante quien sea y como sea, sin titubeos ni cobardías.
Los ciudadanos tienden a esperar soluciones mágicas generadas por los dirigentes, antes que a elaborarlas, proponerlas y luchar por su realización efectiva.
Las propuestas honestas de dirigentes políticos honestos, son tomadas por un gran sector de la ciudadanía como sospechosas. Las propuestas estrambóticas de dirigentes payasescos, son aceptadas por ese mismo sector como virtuosas, en tanto sirvan para evitar la llegada de los sectores nacionales y populares al gobierno.
La economía tiene dos posibles conductores: los dueños del Poder Real con el imperialismo como aliado, o el Pueblo organizado a través de dirigentes leales a sus necesidades, con el respaldo de otras naciones con gobiernos populares que tengan objetivos similares.
La construcción de un programa de gobierno exitoso para la transformación virtuosa de la Nación, la equidad distributiva de las riquezas generadas y el desarrollo equilibrado de su territorio, sólo puede generarlo el propio Pueblo organizado.
La auténtica unidad política, debe tener como base la elaboración de un programa entre todos quienes deseen construir esa unidad, la elección de las candidaturas por elecciones abiertas y el compromiso público de todos los sectores partícipes y adherentes en la defensa de ese programa.
Es imprescindible la renovación permanente de las ideas, pero jamás dejando de lado lo sustancial de las originarias. Es imprescindible la renovación permanente de los planes de gobierno, pero jamás dejando de lado la meta fundamental y los objetivos principales.
La organización vence al tiempo, sólo si es conducida por liderazgos auténticos y leales, respaldada con un protagonismo popular permanente.
Los intereses nacionales sólo se pueden defender si el pueblo está consciente de que les son propios.
La Patria sólo se puede sentir como propia, sólo si ella responde con lealtad a los preceptos que le dieron origen. Y, como la Patria somos todos, esa lealtad sólo puede ser la de todos nosotros.
Destruir una Nación es sencillo. Basta con derrumbar la moral de su pueblo y avasallar todos sus derechos y conquistas. Re-construirla es muy complejo, para lo cual habrá primero que re-fundar el sentimiento de Patria para lograrlo.
Los proyectos nacionales para el desarrollo no deben basarse en preceptos promovidos desde el imperio y sus entidades financieras.
Un auténtico gobierno popular no puede sostenerse en paradigmas macroeconómicos creados por las corporaciones financieras transnacionales, ni defender otra moneda que la propia.
La calidad de vida de la población sólo puede ser considerada positiva si todos tienen acceso a las mismas oportunidades de alimentación, salud, educación, vivienda, trabajo y disfrute del ocio.
Cada individuo debe generar, según sus capacidades personales, la parte de las riquezas que contribuya al bienestar general de toda la sociedad. Y cada persona debe recibir la parte que le retribuya equitativamente su aporte en la generación de esas riquezas. Sin embargo, deberá asegurarse siempre una parte de las riquezas generadas por toda la sociedad, para posibilitar la vida digna de cada ciudadano, cuando éste no posea las capacidades intelectuales y/o físicas que le permitan hacerlo por sí mismo.
Un Movimiento Nacional y Popular sólo podrá ser considerado auténticamente como tal, si defiende sin ambages los intereses nacionales frente a los de las corporaciones y países que intenten avasallarlos.
La construcción de la Patria Grande no puede ser sólo la expresión de un deseo. Es una premisa fundamental para el sostenimiento y el desarrollo en el tiempo de cada nación que la integra.
Los detractores de lo público, de lo estatal, de los derechos humanos, de la justicia social, de la soberanía política y de la independencia económica, son enemigos del Pueblo y de la Nación, y como tales deben ser tratados.
La Justicia no es el Poder Judicial, sino el valor que éste debe defender prioritariamente. Los jueces no son soberanos y deben su poder al Pueblo que los sostiene y ante quien deben rendir exámen permanente de idoneidad, honestidad y ética.
Los líderes de un Movimiento Nacional y Popular, no deben ejercer sus liderazgos por ambiciones personales o en representación sólo de un grupo minoritario que lo integre.
La realidad sólo puede ser la única verdad cuando se comprende. Si no es así, sólo se tratará de una alternativa. Y como la comprensión se basa en la educación, ésta debe ser la prioridad para todo gobierno popular.





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