martes, 12 de julio de 2022

"CALMAR LOS MERCADOS"

Por Roberto Marra

Reducción del déficit presupuestario, recorte del gasto público, tasas de interés positivas y de mercado, tipo de cambio competitivo y estable. Estos conceptos, que forman parte de cualquier discurso de cuanto ministro de economía neoliberal exista en el Mundo, también lo fueron en la disertación realizada por la nueva ministra Batakis, con el criterio básico de “calmar los mercados”. Podría colegirse que se trata de una estratagema para ganar tiempo ante la guerra golpista desatada desde el Poder Real, con sus ataques especulativos permanentes. Podría ser parte de una táctica distractiva hacia esos “mercados” que la nueva ministra no considera una “entelequia” sino personas de carne y hueso. Pero también sabemos que esos sectores poderosos no son precisamente “distraíbles” ni “seducibles” por frases de ocasión.

A partir de allí, cabe preguntarse cuales son las premisas fundamentales y reales de la nueva gestión económica, cuales los planes para lograr implementarlas, cuales los caminos elegidos para alcanzar las metas que, se supone por la extracción popular de este gobierno, debieran ser congruentes con las necesidades imperiosas del Pueblo, antes que de las de quienes ejercen el poder fáctico de la economía nacional. Pero, lo sabemos, el secretismo es parte indisoluble de algunos funcionarios, con lo cual se anula la comprensión mayoritaria de lo que podría ser el supuesto plan desconocido.

Las urgencias suelen ser malas consejeras, sobre todo en políticas económicas. Las insatisfacciones populares juegan un papel determinante en la posibilidad del regreso del neoliberalismo extremo padecido con el macrismo. Lo saben en el establishment, y lo aprovechan al máximo para “apretar” al gobierno con corridas cambiarias y movidas campestres destituyentes. Además, la cotidianeidad de la pobreza y la miseria, son la base del alejamiento de las bases populares que votaron con esperanzas que el tiempo las trocó en desilusión.

Parece existir un “micromundo” economicista, al cual la mayoría no tenemos derecho a acceder hasta que se hayan implementado las medidas que de ese mundillo emerjan. Tarde y sin (aparentes) posibilidades de optar por otra cosa que seguir la huella de la “cadena de mandos” económica impuesta desde el FMI, asumimos que no hay caminos alternativos, que el trazo grueso y despiadado del órden económico planetario no podrá nunca borrarse para delinear uno más auténticamente dirigido a satisfacer las prioridades populares.

Nos acostumbraron a la cobardía, nos introdujeron el virus de la incapacidad de cambios reales, nos penetraron la conciencia con definiciones tajantes y premoniciones catastróficas si se proponen otras líneas de acción política y económica. Han conferido un rol paternalista a quienes asumen responsabilidades de los manejos de las finanzas públicas, semidioses a los cuales no es posible contradecir sin caer en el rango de enemigos del gobierno.

Ahora se pretende renovar las esperanzas ciudadanas con cambios que no lo son y propuestas que no cambian demasiado las existentes. La direccionalidad gatopardista no es propia de un gobierno nacional y popular, peronista. Pero el sesgo neoliberal está ahí, latente o manifiesto, listo para someternos aún a más vejámenes, más injustos e incomprensibles todavía en una Nación con tamaña capacidad territorial y productiva.

Solo cabe una expectativa superadora, que únicamente puede provenir de la lucha cotidiana y leal con las banderas originarias de este Movimiento que nació al amparo del protagonismo masivo del Pueblo empoderado. Defender al gobierno, también es poder indicarle los errores que se perciben desde abajo, este lugar que, cuanto más lejano se sienta de aquel donde se toman las decisiones, más cercano se sentirá al fracaso final y la decadencia social. Es la hora, entonces, del oído en el Pueblo, del abandono de las politiquerías intrascendentes, de la elevación de la razón mayoritaria por sobre los intereses mezquinos de los poderosos de siempre, los verdaderos y únicos enemigos de un gobierno que todavía está a tiempo de torcer el rumbo sesgado de sus decisiones.

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