lunes, 19 de diciembre de 2022

GANAMOS

Por Roberto Marra

Está comprobado. La telepatía existe. La posibilidad de transmitir un pensamiento por parte de una persona a otra está a la vista de quien quiera ver. Y sobre todo, sentir. También está demostrado que, si ese pensamiento es replicado por millones al mismo tiempo, el destinatario de tales transmisiones sensoriales termina haciendo lo que todos ellos piensan al unísono.

Son los pies de “Dibu” estirándose más de lo posible para sacar una pelota destinada a la red. Es la zurda prodigiosa de “Fideo” encendiendo el césped con sus gambetas imparables. Es la cabeza de Otamendi transformándose en paredón de las furias rivales. Es el empuje de locomotora de Julián Álvarez aplastando rivales camino al arco. Es la voluntad resiliente de un De Paul que no se rinde nunca. Es la certeza pensante del estratega Scaloni que no sabe nada de eso que se llama rendirse. Y es la magia inagotable del Aladino que fue a frotar por quinta vez la lámpara para que, esta vez sí, el duende y la mano de D10s lo terminara de glorificar.

Es justo, por lo tanto, decir “ganamos”. Lo hicimos todos los que empujamos con nuestros pensamientos y, sobre todo, con el corazón desbordado de pasión por sentir una felicidad que, no por tener origen futbolero, resulta menos trascendente. Las felicidades son momentos eternizados en nuestros recuerdos, instantes donde sentimos antes que pensamos. Pasiones sinceras despertando unidades impensadas, comunidades entre diversos de un mismo Pueblo. Son actos de auténtica reivindicación de una historia que hace rato queremos escribir con nuestras lapiceras, para siempre terminar soportando escrituras ajenas, llenándonos de goles las redes de una sociedad apabullada por tristezas que necesitan ser exorcisadas por algún dios, aunque sea pagano.

El “heredero” de ese D10s inolvidable del fútbol apareció al lado de su Messi(as) con la fuerza de esas multitudes avarientas de felicidades negadas, gambeteando la adversidad hasta convertirla en goles, haciendo con sencillez lo imposible, demostrando que lo único que no se puede es rendirnos ante ello. Otra demostración de la necesidad de convicciones inclaudicables. Otra muestra de lo fácil que resulta transformar la historia de derrotas en el triunfo de los sueños, abriendo caminos por donde no los hay, dejando huellas que seguirán millones, poniendo escudos de pasiones imbatibles, construyendo la vida que no nos quieren dejar vivir.

La alegría, seguramente, cederá paso a la realidad cotidiana. Solo que, ahora, si supimos observar, habremos de tener otras herramientas en la alforja de los sueños pendientes. Estará allí la acumulación de voluntades aunadas por un liderazgo guiado por fórmulas sencillas y voluntades extremas. Habremos guardado en el rincón de nuestros mejores sentimientos los valores que hicieron posible lo negado. Y encontraremos allí mismo el hilo de ese barrilete cósmico que se fue, pero no nos dejó nunca, recordándonos siempre que la única lucha que se pierde, es la que no se da.

 

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