domingo, 6 de septiembre de 2015

ES LA POLÍTICA, ESTÚPIDA

Imagen Tiempo Argentino
Por Hernán Brienza*

La foto del niño muerto en la playa muestra la verdadera cara de Europa. Atado al sistema financiero-capitalista internacional, desesperada por la necesidad de sostener el Euro a toda costa, por salvar a los bancos, a su sistema concentratorio de privilegios, a su orden civilizatorio y bestial hacia los países del sur, el viejo continente, que alguna vez supo con su Estado de Compromiso generar los 30 años felices de Occidente y diferenciarse mínimamente de la estrategia caníbal del liberalismo sajón americano, hoy, en cambio, con la führer Ángela Merkel a la cabeza, se ha convertido en el centro de la oscuridad –una vez más- de la Cristiandad.

Muchos se quejan de que la foto del niño recorra las principales tapas de los diarios. Se quejan más de la efectividad y, al mismo tiempo, obscenidad de la imagen que de la atrocidad que significa ese niño muerto. Intentan tapar con un debate periodístico y supuestamente moral, lo que es un escándalo político y humanitario. Porque un escándalo no es lo que haga un andropáusico jerarca del FMI a una camarera inmigrante, sino lo que toda Europa le hace a los inmigrantes, incluso al niño al cual no nombro porque ese niño son todos los niños del mundo pobre.

El Papa Francisco, con su prédica humanitaria integral, lo venía anunciando desde que inició su pontificado. Esa Roma es, quizás el último refugio que tiene Europa para reencontrarse a sí misma si no quiere seguir atada a la lógica bárbarica del capitalismo liberal anglosajón. Los poderosos del mundo deben comprender que deben pactar con los miles de millones de pobres del mundo –y sus Estados- si no quieren ser arrastrados a la miseria moral en la que están sumidos –cosa que no les debe importar demasiado- y a un estado de conflicto social permanente y a una invasión de desposeídos constante.
Europa –y Estados Unidos, obvio- no pueden pretender saquear  al mundo y no pagar las consecuencias de esa supuesta misión civilizatoria y de iluminación que se arrogó Occidente para sí y que en realidad escondía una vocación imperial de sometimiento y saqueo que no puede quedar impune. África, Asía, América fueron víctimas históricas de esa práctica brutal y sanguinaria. "Oh, el horror, el horror", decía el oscuro personaje de El Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad, cuando se refería a las políticas imperiales de Gran Bretaña en África. Y ese horror era tan brutal que ni siquiera podía ser descripto, apenas podía ser nombrado. En "Nuestra América"hemos conocido de sobra esos horrores: la esclavitud, el exterminio, la tortura, la expoliación son algunas de las caras –también tiene otras un poco más felices- de ese proceso civilizatorio al que fuimos sometido y en el hemos sido sometedores.

La racionalidad capitalista ha construido Auschwitz, Nagasaki, Hiroshima, y también ha sembrado el Mar Mediterráneo de hombres, mujeres, niños muertos como el que días atrás apareció boca abajo en las playas. Esa extensión de agua que va de Algeciras a Estambul ha sido la cuna de la civilización occidental y también ha sido su cementerio. En esas aguas han navegado los trirremes de la antigüedad, los barcos fenicios de comercio, las naves imperiales romanas, los temidos barcos otomanos, las carabelas piratas, pero también ha sido un lugar de encuentro, de comercio, de intercambio, de zona común. Hoy vuelve a estar plagada de cadáveres, de muertos que no han caído en combate, sino que son víctimas de la peor de las racionalidades, de la lógica abstracta de costo y beneficio, de la acumulación absurda y del egoísmo disparatado. Unos pocos multimillonarios guardan para sí mismos la riqueza que 5500 millones de habitantes en el mundo tienen que repartirse para sobrevivir. Es irracional, inmoral y estúpido. Sólo una brutal represión y una hegemonía cultural de siglos impiden que esos miles de millones de ofendidos y humillados no hayan todavía saqueado a los países del Norte.

¿Europa no quiere que sus ciudades se llenen de inmigrantes ilegales? Sencillo: dejen de explotar a los países de orígenes de esos inmigrantes, dejen de proponerles guerras, dictadores, extracción compulsiva de recursos naturales, abandonen la lógica de acumulación irrefrenable. Sencillo: pacten un sistema económico donde la humanidad sea el centro y no la renta ficticia, en el que el bienestar del hombre y la mujer esté por encima de la especulación financiera, en el que las lógicas de la integración estén por encima de la construcción de muros. 

¿Los escandaliza la foto de un niño muerto por sus culpas? ¿Quieren ocultarla en nombre del buen gusto y la privacidad de los individuos? ¿No pensaron en los Derechos Humanos de ese niño cuando sus padres, desesperados, buscaban un lugar mejor que la Siria que abandonaban y ahora se preocupan por la privacidad de su imagen? ¿Fue necesaria la foto para que Canadá se dignara darle asilo al padre del niño? Me recuerda a la hipocresía con que Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos se escandalizaban de las aberraciones del nazismo contra el pueblo judío después de varios años en que esos tres países se habían negado a asilar a miles de personas que intentaban escapar del horror. 

Hoy, Europa está convertida en un gran campo de concentración. Y está condenando a un tipo de "solución final" a miles y miles de refugiados. No banalizo lo ocurrido en la Alemania Nazi, al contrario, rescato el ejemplo para que se reflexione sobre la posibilidad de repetir el horror con distintas formas. Si lo indescriptible a lo que remite Conrad no hubiera sido instalado en los países de orígenes, las migraciones desesperadas no se habrían producido. Pero, claro, si usan el mundo como si fuera su patio trasero, si se creen la policía del mundo, si se arrogan el derecho de invadir cualquier país de la tierra y asesinar a millones de personas, si persisten en la metodología de vaciar países con las políticas de endeudamiento, no pueden pretender que el horror alguna vez no llegue hasta la punta de sus zapatos.
El capitalismo financiero es así de cruel. Los argentinos lo hemos padecido. A nuestros ricos el barro de la miseria les ensució las puntas de sus zapatos, por eso pactaron mínimamente después de la hecatombe del 2001. Ahora, parece que se volvieron olvidadizos de repente e intentan volver a las andadas con sus heraldos de la muerte y la miseria, es decir, sus economistas, sus comunicadores y sus políticos oportunistas, pero todavía está fresca la memoria de lo indecible en las mayorías.    
No pretendo ser apocalíptico, pero si Occidente no corrige su racionalidad, la humanidad ingresará en tiempos en que "los monstruos de la Razón" lo devorarán por dentro. No es la economía, Merkel, la que debe regir el mundo. No le explique lo injustificable a esa adolescente que le llora por hambre. No es la racionalidad capitalista la que debe dar las respuestas. Es la política, estúpida.

*Publicado en Tiempo Argentino

1 comentario:

  1. Una vez más, Hernàn muestra con sensatez y sencillez la hipocresía que nace del egoísmo angurriento que es mundial , aunque aún haga falta aclararlo.

    Entre nosotros, sin ir más lejos, también contamos con ilustres representantes de esa ideología de instrumentar economías y paises explotando primero y descartando después a millones de pobres personas, las personas pobres. Y si son de piel menos clara, con más razón. Cuanto más oscura la tonalidad, tanto más feróz será el rechazo, la negativa furibunda a que se acerquen, compartan o se integren. Y si no basta con eso, se los invade y bombardea para después ofenderse olímpicamente y reprimir el desbande invasor de los desesperados.

    Dentro de nuestra variopinta fauna vernácula, hay importantísimos ejemplares de inhumanidad disfrazada de globalización, modernismo, civilización, fin de las ideologías o como les quieras llamar. La clave es EXCLUIR. O quedarse con la parte del león, cuanto más grande, mejor.

    Después se quejan y se asombran en sus primeras planas y pantallas cuando ocurren actos de terrorismo.

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