Por Roberto Marra
“Ser perverso implica una estrategia de utilizar al otro y destruirle sin que se produzca ningún sentimiento de culpa. El perverso manipula, coacciona y miente, motivado únicamente por su propio interés, y sin asumir ninguna responsabilidad de sus actos. La maldad que exhibe es consecuencia de que ha instaurado su deseo y placer como principio único de todas sus acciones, excluyendo cualquier planteamiento ético. La conducta perversa esconde el placer obtenido por la destrucción intencional y deliberada del otro. El perverso goza con la destrucción y degradación del otro. Goza con la eliminación consciente y deliberada de la humanidad de su víctima”. Luis Manuel Estalayo Martín. Psicólogo Clínico.
Esta es la descripción exacta de los gobernantes que estamos padeciendo. Esta es la condición psicológica de quienes están manejando la vida y los bienes de los argentinos, y de todos los pueblos sometidos del Planeta. Esta es la razón de origen de sus manifestaciones, pero no es más que la superficie de la perversión profunda del sistema capitalista y sus relaciones de poder, sobre todo (pero no únicamente) en esta etapa de su desarrollo financiarista o neoliberal.
En ese contexto de demonización popular elaborada por esos perversos, es que se encuentra esta sociedad maniatada por el miedo a cambiar de rumbo. Con este temor primario es que los individuos se forman a lo largo de sus vidas, reverenciando al poderoso y despreciando a sus congéneres empobrecidos con golpes económicos permanentes. Es con ese “caos planificado” que se obnubilan las mentes debilitadas por la mediática obscena donde “todo va mejor con cocacola” y donde reina el dios mercado.
Los billetes verdes como anzuelos, los brillos de festicholas inalcanzables como señuelos, las zanahorias de futuros millonarios que nunca llegarán, como manifestaciones de la distopía hacia donde se dirigen las masas de imbecilidades opulentas y puestas en escena de corrupciones ajenas como método disciplinador de las ideologías adversas al sistema. El dolor de millones a cambio de mirar por el ojo de la cerradura del portón de las vanidades donde se esconden los dueños de un poder que no cree tener límites.
Es el fondo del barril de las incongruencias, de las debilidades, de las traiciones y los desvaríos politiqueros. Es la condición admitida como irremediable por dirigentes sin dirigidos y conductores sin pueblo que los sigan. Es la miseria estructural de una sociedad atravesada por una historia de pasiones olvidadas, de triunfos soñados, de derrotas deshonrosas, de ascos permanentes, de desprecios clasistas y repugnantes oligarcas con la sartén y su mango siempre lista para golpear con entusiasmo depredador a quienes le extraen hasta la última gota de sus sudores. Es el destino fabricado en otras capitales, donde se ordena el Mundo al antojo de otro perverso similar a la marioneta padecido por estos lares.
Contra semejantes brutalidades es que hay que elevar la lucha. Contra este tipo de bestialidades pensadas al detalle por los manipuladores sociales, es que hay que prepararse con consciencia clara de sus brutales capacidades de daño. Es la condición base para la rebelión, para el estallido sublevante de las consciencias aplastadas por tanta educación para el sometimiento. Es la rampa de lanzamiento de otra historia, estudiada y construida por los perdedores de todas las derrotas, por los últimos orejones del tarro de las oportunidades populares. Es la esperanza que no espera, la ocasión que no puede postergarse, las virtudes que no deben escaparse nunca más, el horizonte donde no cabe otro amanecer sino el de la justicia popular.





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