viernes, 10 de abril de 2026

LAS GOTAS DE LA CONSCIENCIA

Por Roberto Marra 

Yo quiero romper la vida,

Como cambiarla quisiera,

Ayúdeme compañero;

Ayúdeme, no demore,

Que una gota con ser poco

Con otra se hace aguacero.

Milonga de andar lejos” – Daniel Viglietti

Los seres humanos estamos constituidos por un promedio de setenta por ciento de agua. Con esa sola mención de un hecho irrefutable, bastaría para estar preocupados por la permanente pérdida de acceso a ese líquido que la naturaleza brinda en diferentes estados, porque su necesidad para la sobrevivencia de todos los seres vivos en el Planeta lo evidencian. Y aquí entra el asunto de los glaciares, esas estructuras congeladas superficiales o sumergidas que tanta palabrería falsificada ha merecido por parte de los buscadores de riquezas fáciles y sometimientos orgullosos.

Una más de las tantas apócrifas felicidades que desde el Poder Real nos venden a costa de la muerte cotidiana. Otra parodia de sus “che pibes” del Congreso Nacional. Una más de las traiciones revulsivas de los gobernadores ventajeros que prefieren cuidar “sus quintitas”, antes que poner la dignidad de sus pueblos por delante de los intereses de las corporaciones a las que rinden pleitesias. Rivadavia reviviendo enaltecido por estos brutos sin iniciativa ni ética alguna, ladrones de futuros y vendedores de humos que sólo serán de las metrallas con las que combatirán las luchas de los que sí se atreven a defender eso que parece olvidado en el último rincón del último cajón de los que no la sienten como propia: la Patria.

Claro que parece una exagerada pretensión que sus sentimientos posean semejante nobleza (si es que llegaran a tener sentimientos). Pero ni siquiera sirven como especuladores de riquezas que, gracias a la espantosa decisión de la Constitución vigente, les ha otorgado tantas ventajas a estos gobernadores feudales de territorios casi vacíos, pero llenos de oportunidades y necesidades que no quieren ver. Todo se resume en buscar los “vueltos” de este enorme negocio de las transnacionales mineras, con los cuales hacer lo mínimo indispensable para sus propias sobrevivencias gubernamentales, y engrosar así sus propias arcas bancarias, empobreciendo eternamente a sus votantes, engañados ya mil veces.

El agua como moneda de cambio. La vida como elemento transaccionable. La muerte como privilegio bestial de quienes habiten nuestro suelo. La insolidaridad como recurso para disolver la moral de los valores más valiosos que han mantenido con vida las esperanzas de cambios que siempre terminan dando vuelta los sueños populares.

Nos quieren secar en el infierno de un territorio arrasado. Nos pretenden disolver con el veneno de las riquezas ruinosas que nunca veremos. Nos envuelven para regalo para sus socios extranjeros, genocidas permanentes de los pueblos del Mundo martirizado con bombas y abandono. Nos ofrecen distopías de horrores incalculables, pero verificables en las guerras que fabrican cada día para invadir y saquear territorios que asumen como propios por decisiones divinas.

Somos agua, y como agua deberemos fluir hacia estadios superiores de consciencia para impedir este latrocinio inmoral. Somos casi líquidos, y como eso tendremos que asumirnos para unirnos en el recipiente de la voluntad patriótica, firmes como los glaciares que pretenden robarnos, torrentosos como los ríos que no paran ante ningún obstáculo, poderosos como las lluvias torrenciales. Porque una gota, con ser poco, con otras se hace aguacero...

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