lunes, 16 de febrero de 2026

DEVALUACIONES

Por Roberto Marra

Cuando se pronuncia la palabra “devaluación”, de inmediato se piensa en la moneda nacional perdiendo valor frente a la moneda de referencia predominante en el Mundo. Pero existe otra devaluación, mucho más lacerante y trascendente, como la de la palabra empeñada, la de la ideología que se dice sostener, la de la convicción sobre la lucha que se alienta. Es la manifestación más odiosa de la deslealtad, el agravio más insolente hacia la voluntad de los seguidores de esos devaluadores de consciencias. Resulta el escarnio más devastador para quienes asumieron la defensa de tal ideología y las palabras, a instancias de quienes les impulsaron a sostenerla.

Devaluadas las palabras, se caen, como castillo de naipes, las convicciones que implicaban. Principios, creencias e ideas, se convertirán en el polvo de una derrota al interior de los individuos, de consecuencias fatales para los procesos de organización social, política y económica que eran sostenidos por tales valores. Se desarma de esperanzas concretas a los pueblos, se talan las ramas de los sueños con los frutos todavía verdes, se rocían de venenos los pensamientos y se anulan las luchas por hacerlos realidad.

Por ese camino de oscurecimiento ideológico caminan los legisladores asumidos como defensores de los intereses populares, al prestarse al carnaval de falsedades presentadas como proyectos de leyes o simples decretos que buscan su ratificación automática por la escribanía legislativa que posee el actual poder ejecutivo. Y no se trata de la mayor o menor acción opositora que se manifieste verbalmente en discursos enfervorizados, ya sea en las cámaras respectivas o ante los medios de comunicación. Es la incoherencia de tales palabras enrojecidas de enjundias discursivas, con la acción real ofrecida al Pueblo al que le deben su único empeño posible. Porque no sirven las simples oposiciones verbales ante los monstruos gobernantes, sin la calle teniéndolos como protagonistas, al frente de las luchas imprescindibles que demanda la hora fatídica que soportamos.

Al frente, es al frente de las multitudes, o solos, si fuera ese el caso de una convocatoria fracasada, que lo sería justamente por la devaluación verbal de la que venimos siendo víctimas. No se trata de parecer luchadores, sino de ejemplificar con sus cuerpos “destrajeados”, asumiendo el rol que han abandonado hace rato por la miserable búsqueda de la permanencia en los cargos tan bien retribuidos. Lo que se demanda es que sean lo que pretenden asegurar que son, líderes de verdad, y no simples caretas en este corso a contramano que venimos soportando.

Los fracasos populares hunden a las masas en la peor de las desviaciones de sus intereses reales: la defensa de quienes les destruyen sus derechos. Es la devaluación final, la de la memoria, esa que nos permite reaccionar ante sus asesinos, para estorbarles (al menos) en el camino de sus fantasías del fin de la historia, su más apasionado deseo antisocial. Aquella frase que sonara en otros tiempos, donde la lucha era la gloria de un Pueblo repleto de voluntad y dirigentes leales a sus mismos sueños, es hora de convertirla en realidad, metafóricamente expresada: “es con los dirigentes a la cabeza, o...”.

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