Por Roberto Marra
Los enemigos tienen un plan. Y tienen una agenda cotidiana, una metodología, una programación de sus actos perversos. Tienen un memorandum con los detalles de los horrores que nos esperan, un itinerario de sus maniobras leguleyas, una lista de sus oprobios judiciales, un calendario con los precisos momentos donde vuela cada derecho. Poseen, además, las herramientas para asegurarnos que sus poderíos son inexpugnables, que sus mandatos son irreversibles y sus horrores sólo el comienzo de todo lo que nos espera detrás del muro de la mentira permanente, emitida con las sonrisas propias de los lacayos colaboracionistas que balbucean las agendas del poder a través de las pantallas obnubilantes inventadas para subyugar a los impávidos creídos de sus condiciones de “ciudadanos libres”.
Falsedad tras falsedad se acumulan en las páginas de ese itinerario anticipatorio del descenso al infierno en vida. Es una memoria agendada que borra la nuestra, para someternos a su antojo, con el beneplácito de los sometidos y la desesperación de quienes no aceptamos ese latrocinio neuronal. Es una prisión preventiva por delitos que nunca cometimos, pero por los cuales ya fuimos juzgados por sus maniquíes judiciales y sus leyes retorcidas.
Mientras tanto, nuestros supuestos defensores emiten discursos temerosos para no perder sus inútiles cargos dirigenciales nunca obtenidos por voto alguno. La confianza en ellos depositada, vendida al postor de la mentira y la destrucción social. La representación obtenida, ofrecida al devaneo de la “paz social”. Justo lo que la agenda del poder quería. Exactamente lo que sus focus group elaboraron con la anticipación enajenante de nuestras libertades en nombre de la libertad de sus mercados.
No hay salida sin buscarla. No hay vuelta posible de esta tortilla mortal, si no se toma el mango de esa sartén quemada por tanto fuego abrasador de voluntades. No hay “reset” probable si no se ignoran sus agendados descalabros, para reemplazarlos por un plan comprometido con los deseos populares, sin intermediarios medrosos ni maniqueas especulaciones de los cobardes con ínfulas de conductores.
Programa, programa y más programa. Programa programado por programadores del barro, proyectos planificados por sus protagonistas, caminos señalados por sus caminantes. La verdadera agenda, la que nos lleve al palacio de la Justicia Social, al territorio de la Soberanía, a la soñada meta de la Independencia. Entonces sí, San Martín, Belgrano, Moreno, Artigas, Bolivar y tantos predecesores de nuestros sueños cotidianos, descansán en paz.





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