Por Roberto Marra
Las “semillas” que mejor germinan, son las de las dudas. Claro que el “suelo” fértil es el de un cerebro poco acostumbrado a trabajar por sí mismo. Cuanto más abandonado al placer idiota de la aceptación de los mensajes de sus dominadores, más altas crecerán las dudas implantadas. Cuanto mayor “abono” mediático se le prodigue, más rebosantes de sañas feroces “espigarán”. Cuantos más señales equívocas se les preparen, con mayor denuedo se esforzarán los propietarios de esas dudas en propalarlas.
Una sociedad con mayoría de titubeantes patológicos, construye un destino tenebroso para sus descendientes. De ahí la siembra imperial de dudas sobre quienes pretendan enhebrar las realidades para armar sus propios raciocinios nacionales. Por eso la creación de la sospecha permanente sobre los líderes populares que no se avienen a sus mandatos traicioneros. Esa es la razón primordial de la proliferación de tantas semillas de dudas odiantes, de tantas vacilaciones permanentes, de demasiados recelos inventados por los inventores de esas “transgénicas” simientes del engaño sigiloso.
Invitan a la desconfianza, promueven la suspicacia, aterrorizan con las sospechas. Esas son sus armas más tenues, las previas a las balas de plomo. De ellas parten, para culminar en el dominio obsceno de los obnubilados y el aplastamientos de los despiertos. Con ellas allanan el camino de la derrota popular, elevan la consideración de personajes espurios como paladines salvadores de los “dudosos” y nutren de maldades las semillas de la incertidumbre.
Ahora, los promotores de todas las dudas, podrán hacer lo que quieran. Nada se les opondrá a sus bravuconadas arrasadoras de leyes y derechos. Nadie podrá hacer otra cosa que quejarse en vano, amansado por los insultos mediáticos y las diatribas de los nuevos “líderes” de opinión, libres de dudas por efecto de las campañas “comecocos” de las redes.
“La lucha es de igual a igual, contra uno mismo...”, nos dice Adrián Abonizio. Y esa es la cuestión en esta bestial parodia de la vida a la que nos someten. Invertir el sentido de las dudas, es una misión esencial para la sobrevivencia de las ideas más justas. Sospechar de quienes invitan a sospechar de nuestros iguales, es ya una rebelión a la dominación de nuestras consciencias. Desconfiar de los apátridas mensajeros del imperio, es sembrar otras “semillas”, las de las certezas de las utopías legadas de un pasado que no merece nuestro desprecio, sino nuestra comprensión profunda. Escuchar a los luchadores por las libertades que perdemos con la mansedumbre de los cobardes, es aproximarse a la realidad que nos negamos para pretender ser parte de lo que nunca nos dejarán ser. “No te pares, no te mates, sólo es una forma más de demorarte.”

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