domingo, 24 de mayo de 2026

TIEMPO DE REVOLUCIÓN

Por Roberto Marra

Hay tiempos para cambiar y hay tiempos para revolucionar una sociedad. Cambiar es el paso de una etapa a otra en la vida (o sobrevida) de esa sociedad. Revolucionar es la transformación estructural de una sociedad cuya sobrevida resulta insostenible bajo los preceptos y modos que se hayan venido desarrollando hasta el momento. Claro que una cosa es establecer la necesidad, y otra muy distinta es concretarla en los hechos.

Las circunstancias endógenas de la sociedad en cuestión, pueden dar pié a pretender la inminencia de tal revolución estructural, pero las exógenas también juegan en estas circunstancias, promoviendo divergencias entre los necesitados de semejante alteración profunda. Las manipulaciones, las zancadillas, los manejos mediáticos, las amenazas directas o indirectas de los poderosos del Mundo, terminan socavando las intenciones honestas de los rebeldes con causa justa, sometiendo grandes sectores de las masas de voluntariosos revolucionarios, a través de la mentira encaramada en el altar de ataque cognitivo, hoy más que nunca convertido en el panóptico planetario que nos encarcela en nuestros propios territorios mentales.

Sin embargo, las realidades siempre, absolutamente siempre, pueden modificarse por el impulso de la voluntad humana. Claro que no será de modo instantáneo, ni modélico, ni como se lo sueñe en un principio. Pero las necesidades afloran, tarde o temprano, del barro en la que se la pisotea y se la degrada con fervor antisocial. Y cuando lo hacen, eclosionan otras verdades escondidas en ese fango envenenado que los enemigos de los pueblos alimentan con odios raciales, étnicos, ideológicos y clasistas.

En esos momentos, la oscuridad mental de las mayorías sometidas empezará a iluminarse de pasiones olvidadas, de realidades negadas, de verdades históricas extraviadas, de voluntades salidas de las entrañas de corazones, cuando se enfrentan a quienes les han venido anulando los derechos a seguir latiendo. La vida toma allí otras dimensiones, vuelan por los aires las mendacidades que ataban a las ideas, se asoman los soles de las esperanzas con pensamientos que parecían imposibles de concretar. Vuelven a nacer las heroicidades, reaparecen las solidaridades entre iguales, se nutren las masas de conocimientos secuestrados por perversos y cobardes, y aparecen el Pueblo, otra vez, pero renovado.

Nos someten con enojos infundados, con pasiones equivocadas, con mansedumbres elogiadas, con espiritualidades falsificadas, con berrinches odiadores, con calvarios económicos y miserias materiales y espirituales. Pero olvidan la resiliencia popular, prescinden de su historia, se abroquelan en sus soberbias de mandamases sin alma, se nutren de sus excrementos verbales y cavan sus propias tumbas con la pala de las injusticias.

No podrán matar la historia, como tampoco podrán desarmar las broncas contenidas, ni desalentar las voluntades porfiadas de los que ya no tendrán nada para perder. Así nacen las decisiones populares más profundas, las que crean otras sociedades, las que vuelcan el carro de los melones desacomodados para distribuir mejor su contenido. Así nació un día esta Patria, con hombres y mujeres con coraje y futuro entre sus manos, ofrecidos a quienes les sucedieran para hacer con ellos otra nueva, cuando pretendan robarnos la que nos legaron. Es tiempo de ver de nuevo a ese sol asomando, empujado desde el fondo de la historia y desde el mismo barro sublevado que alguna vez nos recordó que la revolución debe dejar de ser sólo un sueño eterno.

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