viernes, 23 de febrero de 2018

EL ANGEL EXTERMINADOR (DE ESCUELAS)

Imagen de "argentinatoday.org"
Por Roberto Marra

La gobernadora de la “angelical” sonrisa maternal, la (más que) probable candidata a presidenta para el 2019, manejando un presupuesto exuberante sustraído a las otras provincias, con un sueldo equivalente a más de diez salarios de bancarios, prometente serial de felicidades incoherentes con sus políticas económicas, feroz especuladora en sus disputas con los gremios de trabajadores de la Provincia de Buenos Aires, un personaje creado para la conquista del voto de quienes solo buscan eliminar cualquier vestigio de populismo, falsa cristiana que solo se arrodilla ante el dios dinero, es ahora quien ha decidido eliminar ¡treinta y nueve! escuelas rurales, además de otras en las islas del Delta.
Para que la población aprenda (a conocer su triste destino), “Heidi” Vidal realiza un acto reñido con el más elemental raciocinio. Habla, como todos los integrantes de esta parodia de gobierno, de “racionalizar”, de considerar la “eficiencia” presupuestaria antes que la necesidad obvia del desarrollo social. La educación es solo un número, tal como son los habitantes. Si esos números no dan beneficio, se sacrifican a quienes “sobran”, los futuros ciudadanos, que nacen perseguidos por la perversión de este grupo de invasores de conciencias y asesinos de esperanzas.
La justificación formal para el cierre de tantas escuelas es la falta de inscripción de nuevos alumnos. Los docentes de las zonas afectadas advierten sobre la falsedad relativa de esas afirmaciones, asegurando que no en todas las escuelas que preveen cerrar, falta matrícula. Y aún cuando fuera así, se trata de obrar al contrario del más elemental proceso racional para promover los asentamientos humanos, para lo cual lo primero que debe hacerse y sostenerse es la infraestructura y la dotación de los servicios, entre los cuales el educativo y el sanitario son los primordiales para incentivar la llegada de nuevos pobladores.
Un nuevo paso, otra ayudita más al doloroso proceso de desaparición de pueblos rurales, provocado por las políticas económicas y los sistemas de producción agraria que ya casi no necesitan trabajadores. Tal como en los noventa produjo el cierre de ramales ferroviarios, ahora se le agrega el fin de decenas de escuelas que sustentaban la posibilidad de una mínima inclusión social para esos ciudadanos de segunda que siempre fueron los habitantes rurales.
Como en todos los casos, nada podría hacer este esperpento de gobernadora sin el apoyo de gran parte de la población de su provincia. Con los falaces argumentos defenestrantes del pobrerío que ellos mismos generan, les basta para obnubilar a los odiadores clasistas, que serán los primeros, cuando estalle la violencia de la miseria en sus caras, en pedir la pena de muerte a los que antes les negaron la oportunidad de recibir, al menos, el derecho a educarse.
Mientras seguimos esperando el inicio de la construcción de los tres mil jardines de infantes prometidos, mientras la lluvia de inversiones sigue siendo una utopía y el derrame de los vasos llenos solo va las arcas de los especuladores financieros y las guaridas fiscales, cuando los despidos masivos son la regla y el cuento de la herencia recibida ya no alcanza, el futuro se presenta con su peor cara para advertirnos que lo peor, todavía no llegó. Para eso está preparándose esa mujer de la sonrisa hipócrita, la mirada almibarada y el corazón de piedra.

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